Sebastián Edwards15.12.2017
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"Gane Piñera o Guillier, en Chile no habrá un cambio abrupto"
Por Marcia Dell´OcaPara el economista chileno, llegó el momento de una ampliación de derechos sociales. Recomendaciones para Argentina.

El ex economista en jefe para América Latina del Banco Mundial, Sebastián Edwards, visitó Buenos Aires para formar parte de la Conferencia Internacional de Economía y Finanzas (CIEF) 2017 organizada por el Banco Ciudad, el Comité Latinoamericano de Asuntos Financieros (CLAAF), la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) y la Fundación Banco Ciudad.

En su presentación, el chileno radicado en Los Ángeles observó que su país comenzó una política de metas de inflación en 1990 casi sin saberlo dando referencias de tasas de inflación anuales en el presupuesto nacional y que cuando comenzó con el programa de metas de inflación formalmente ya llevaba años con esta práctica, lo que le daba credibilidad.

Además advirtió que la sociedad chilena lejos de conformarse con que el modelo económico aplicado en los último treinta años haya permitido el crecimiento más sostenido de la región y un PBI per cápita de 25.000 dólares, hoy tiene otros reclamos, en especial en salud, vivienda y por sobre todas las cosas educación superior gratuita. En este sentido, subrayó que en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del mes pasado el 56% de los chilenos estaban en contra de "el modelo", hoy representado en la figura del ex presidente Sebastián Piñera.

Al cierre de la jornada, Edwards accedió a conversar con LPO sobre las reformas económicas y sociales que se esperan para el futuro de Chile tras las elecciones del domingo y la importancia de un shock de inversiones que acompañe la desinflación.

​​Chile tiene elecciones este domingo y usted en su exposición mencionó que en algún sentido este ballotage también es un referéndum el modelo de crecimiento chileno. ¿Qué es lo que está en cuestión?

En cierto modo sí es un referéndum, en cierto modo no. Sí en el sentido de que hay una noción de mover el eje más hacia los derechos sociales. Y no, en tanto que gane uno o el otro, no va a haber un cambio abrupto ni demasiado profundo. Pero sí de énfasis. El cambio es énfasis, no de estructura.

Y en esta diferencia de énfasis, ¿dónde ubica que se acrecientan las diferencias entre Sebastián Piñera y Alejandro Guillier?

La mayor diferencia tiene que ver con los derechos sociales. El modelo chileno es un modelo que ha sido muy exitoso basado en el esfuerzo individual, con una presencia del Estado mediante una red de contención social que sostiene a quienes caen, pero no los derechos sociales universales generalizados.

La idea que hay desde la izquierda, especialmente los movimientos estudiantiles y los movimientos sociales es de generalizar esos derechos. Y hay una cuestión muy interesante que es la de cuánto va a costar llevar esto a la práctica, siempre dentro de que ambos candidatos mantengan una disciplina fiscal.

Durante el gobierno de Bachelet lo que se observó fue una agenda de reformas económicas que se quedó a mitad de camino entre una economía empujada por la oferta y otra traccionada por el consumo que se tradujo en estancamiento. Y una de las explicaciones de la heterodoxia económica chilena es que este modelo, con tanta desigualdad, supone un techo a la capacidad de crecimiento. ¿Considera usted que Chile con este modelo económico tiene margen para seguir creciendo?

Yo creo que el modelo tal y como se desarrolló en su primera etapa llegó a un punto de inflexión en el que necesita cambios. Esos cambios, más que un tema de desigualdad -que desde ya es importante, son un tema de productividad. Y la productividad quedó estancada porque las frutas fáciles de cosechar que estaban en la parte baja del árbol ya se recogieron. Lo que hace falta ahora es un sistema educativo mucho más sofisticado. Hace falta diversificar las exportaciones con países más desarrollados. Y en este punto se estancó el crecimiento.

El modelo chileno tal y como se desarrolló en su primera etapa llegó a un punto de inflexión en el que necesita cambios.

Ahora bien, lo que pasó durante el gobierno de Bachelet lo que pasó fue que hubo una retórica anti-modelo, que generó un problema de expectativas que frenaron la inversión. Como dijo (John Maynard) Keynes en los años '30, lo esencial para que funcione un sistema de corte capitalista son los "espíritus animales". Y lo que hizo el gobierno de Bachelet fue matar a los animales, o mejor dicho matar a los espíritus.

De la experiencia de Chile en la lucha contra la inflación, ¿qué sugerencias se desprenden para el caso de Argentina?

Lo primero que hay que notar es que Chile fue gradual, no fue de un día para el otro y que el intento de hacerlo de forma abrupta, controlando el tipo de cambio, terminó en una gran crisis; fue un fracaso. Una vez que se absorbió esta crisis y la lección fue aprendida, nunca más se apeló al tipo de cambio. En este sentido, considero que lo que la Argentina viene haciendo en este momento es lo adecuado.

Cuando Chile entró en un esquema de metas de inflación lo hizo de forma gradual y tardó al menos seis o siete años en alcanzar niveles de un dígito bajo y dentro de meta. Lo más importante entonces fue la consistencia en el tiempo, la perseverancia, no desviarse e insistir para llegar a las metas.

En ese período también fueron la única economía de la región con crecimiento ininterrumpido, bajo déficit y a la vez exportaciones competitivas. Acá, por el contrario, la lucha contra la inflación atrasó el tipo de cambio y afectó la competitividad. ¿Hubo algo en el planteo político de la Concertación que les evitó este costo?

Bueno. Una de las cosas más interesantes que sucedió en Chile también tiene que ver con los espíritus animales. El gran despegue sucedió al terminar la dictadura. Y si bien fue un proceso que generó mucha incertidumbre, cuando el sector privado tanto nacional como internacional vieron que la Concertación no iba a arrasar con el sistema de mercado, sino que por el contrario lo iba a profundizar agregándole un aspecto social más profundo y sostenible, se produjo un gran aumento de la credibilidad y consiguientemente de la inversión muy fuerte.

Así, Chile pasó de invertir el 21% del PBI al 28% entre el año '90 y el '95, durante los primeros años del presidente (Patricio) Aylwin y el presidente (Eduardo) Frei. Fue un gran salto en la inversión que dura hasta el año '97-'98 con la crisis asiática. Es decir, fue un período de nueve años de crecimiento al 7% anual impulsado fuertemente por el sector privado en la convicción de que la Concertación es un gobierno que no viene a comerse a los capitalistas y no viene a destruir todo el sistema que ha sido creado. Al contrario, viene a profundizarlo, a mejorarlo y a darle un entorno de políticas sociales que lo hagan políticamente sostenible.

Entonces, lo más admirable y rescatable del caso chileno, de verdad, es cómo este grupo político de centroizquierda con muchos de los miembros del Gabinete que habían estado en el exilio o habían sido prisioneros de la dictadura -incuso algunos habían sido torturados- llegan al poder y, en vez de desarmar los avances económicos de la dictadura, los profundizan y los humanizan. Es la gran humanización del sistema capitalista de la Concertación lo que hace que se crezca y se siga para adelante.

Lo más admirable y rescatable del caso chileno, es cómo este grupo político de centroizquierda llega al poder y, en vez de desarmar los avances económicos de la dictadura, los profundizan y los humanizan.

¿Puede que sea el momento no de una "humanización" sino de una "socialización" o "generalización" del modelo?

¿En Chile? Sí, y es algo que ya está ocurriendo. Además se viene un cambio de generación. Estos dos candidatos están ambos en sus sesenta largos y van a ser los últimos candidatos de esa generación. Los que viene para adelante yo los veo en sus cuarenta.

Así que sí: se viene un cambio de generación, una apertura en la política social y valórica dependiendo de quién sea el que gane, pero no me sorprendería que el matrimonio homosexual -que tan sólo existe en 25 países- se aprobado en Chile en los próximos cuatro años, con adopción homoparental... y ya se aprobó el aborto por tres causales y creo que se va a ir ampliando... Por tanto creo yo que se viene un cambio muy importante.

El gran desafío, creo yo, de verdad en Chile es entender la diferencia entre "además" y "en vez" y por tanto que los derechos sociales se implementen "además" de una economía productiva y no "en vez", es decir de una forma creativa e inteligente. La retórica de Bachelet fue "en vez". "Vamos a hacer todas estas reformas sociales en vez de lo que veníamos haciendo", "vamos a pasar una retroexcavadora" y otras medidas que terminen el modelo anterior. Y eso fue muy negativo porque aniquiló los espíritus animales y desalentó la inversión. No funcionó.

¿Y cuál es el gran desafío para Argentina?

Para Argentina, es que se transforme en un país normal -es el país más anormal que conozco- y "normal" significa levantarse por la mañana e ir a laburar y volver por la tarde y levantarse al día siguiente a laburar y entender que la inflación no puede ser del 16%, tener cierta previsibilidad, etcétera.

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