Susana Jiménez02.01.2018
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"El principal y más urgente objetivo de Piñera es retomar el crecimiento"
Por Leonardo MonteroLa coordinadora del equipo económico de Piñera habla de los objetivos del nuevo gobierno.

Susana Jiménez fue coordinadora del programa económico de Sebastián Piñera durante la campaña presidencial en Chile y ahora suena como posible ministra del próximo gabinete. Magíster en Economía de la Universidad de Chile, Jiménez actualmente es subdirectora de Políticas Públicas de la fundación Libertad y Desarrollo.

"El principal y más urgente objetivo de Piñera es retomar el crecimiento económico", le dice a LPO en su oficina de la fundación, una coqueta casona de la exclusiva comuna de Las Condes. Jiménez cuestiona la herencia del gobierno de Michelle Bachelet y dice que los chilenos ratificaron el modelo económico de los últimos 30 años, dándole la espalda a las reformas que impulsó la presidenta.

¿Hay alguna explicación desde el punto de vista económico para entender el regreso de Piñera a la presidencia?

Creo que el triunfo tan contundente de Piñera respondió a una evaluación que hizo el electorado chileno de que el proyecto de Piñera era muy distinto al de Alejandro Guillier, y que era el que iba permitir a Chile salir del actual estancamiento económico y que por lo tanto iba a generar más oportunidades de empleo, de emprendimiento y de prestaciones sociales en la medida que se pueda recuperar la senda de crecimiento. Implícitamente también se demostró que el diagnóstico que tenía el Gobierno de Bachelet y la candidatura oficialista de que este es un país que se muestra mayoritariamente contrario al modelo económico que se ha seguido en los últimos 30 años, no es tal. Por el contrario, con esta mayoría se demostró que Chile quiere más progreso y más del desarrollo económico que se venía vislumbrando en los últimos años y que fue interrumpido en estos cuatro años de gobierno.

En ese sentido ¿cree que el electorado castigó el acercamiento a la izquierda de Guillier en el último tramo de la campaña?

Guillier llegó con una cierta desventaja de tener un conglomerado dividido y con un Frente Amplio que buscaba reformas más radicalizadas, pero también un centro político que se había desencantado de esta coalición de centroizquierda. Por lo tanto, la situación de él era compleja. Creo que si él, por ejemplo, se hubiera mostrado más comprometido con una agenda más radicalizada, no lo hubiese generado ningún tributo. Por el contrario, lo que se demostró es que si la centroderecha tuvo un 55% de votos en el ballotage, es porque hay un centro que no se ve representado por la candidatura de izquierda.

¿Cuáles son los principales retos económicos para el gobierno de Piñera?

El principal y más urgente es retomar el crecimiento. Estamos completando un período de cuatro años de muy bajo crecimiento, este año está proyectado un 1,4%. Eso implica que en cuatro años el promedio de crecimiento fue 1,8%. Si se compara con los cuatro anteriores, con Piñera como presidente, fue de 5,3%. Esto es importante porque el dinamismo lleva implícito un debilitamiento del mercado laboral, si bien no vemos tasas de desempleo muy altas, lo que sí sabemos -porque las cifras oficiales así lo constatan- es que ha habido una destrucción de empleos privados y que la razón por la que la tasa de desempleo no aumenta es porque se ha creado mucho empleo público y también de cuenta propia, entre los cuales hay muchos informales, sin contratos y por lo tanto sin seguridad social. Lo que vemos es un debilitamiento del mercado laboral producto de este frenazo económico, que además completa cuatro años con una caída de la inversión, algo que es inédito en Chile desde que hay cifras oficiales, no había ocurrido nunca. Y esto sin mediar una crisis internacional. Por lo tanto, claramente hay una urgencia por retomar mayores tasas de crecimiento que generen más empleo, más oportunidades y que genere los recursos necesarios para cumplir con los compromisos sociales.

¿Qué produjo esta caída de las inversiones?

Hubo un diagnóstico de la Nueva Mayoría y de Bachelet que a nuestro entender fue muy equivocado, en el cual se quiso de alguna manera refundar buena parte de lo que ha sido nuestro modelo de crecimiento y de progreso económico. Eso se tradujo en un discurso muy antiempresarial, muy crítico al modelo económico, muy basado en los abusos, en las desigualdades. Y en lo concreto se tradujo en una agenda de reformas muy fuerte que partió con una reforma tributaria que elevó los impuestos fuertemente, una reforma laboral que básicamente le dio mucho poder a los sindicatos y por lo tanto fue más bien una reforma sindical, que entre otras cosas establece que no hay reemplazo durante las huelgas. Todo lo cual evidentemente para el inversor, para el emprendedor y para la pyme pasa a ser un clima de negocios mucho más desfavorable. Hubo otras reformas también en la misma línea en materia de educación, de código de aguas... en fin que hay un rol mucho más controlador del Estado y de más desconfianza hacia la iniciativa privada. En ese ambiente no sorprende que la actividad económica se haya visto resentida.

Otros de los grandes problemas que se mencionan son el déficit fiscal y el aumento de la deuda pública

Es parte del legado de esta administración, que cuando inició su mandato proyectaba alcanzar el equilibrio fiscal en cuatro años. Y lo que venido haciendo es corrigiendo esa proyección, hemos tenido cuatro años de déficit fiscal, que se ha traducido en una duplicación de la deuda pública. Hace cuatro años atrás la deuda pública era alrededor del 12% del PBI y vamos a terminar con alrededor del 24% del PBI. Esto no es algo crítico, lo que nos preocupa es la velocidad de aumento y la necesidad de contener ese mayor gasto. Porque lo que hemos visto durante este período electoral es una propuesta programática (de la Nueva Mayoría) con una gran oferta de beneficios que cuando hicimos la matemática, nos dimos cuenta que no era financiable. Por lo tanto, estas promesas o bien no se iban a cumplir o íbamos a terminar comprometiendo aún más las cuentas fiscales.

¿En qué número del PBI está el déficit fiscal? En Argentina hubo un debate muy grande desde que asumió Macri acerca de si enfrentar el déficit de manera gradual o con un ajuste fuerte, ¿cuál es la estrategia de Piñera?

Está en torno al 3 por ciento del PBI. La estrategia es caminar hacia un balance fiscal estructural en un plazo de entre 6 y 8 años. Eso quiere decir que en los próximos 4 años debería tender a alrededor de un 1 por ciento del PBI.

Entonces Piñera coincide con Macri en la estrategia del gradualismo, incluso mayor

Gradualismo en un plazo relativamente acotado, eso significa reducir el déficit en un gobierno o máximo dos. Lo que pasa es que la meta que nosotros hemos establecido también busca estabilizar el nivel de deuda actual y que no siga aumentando.

Piñera y algunos de sus aliados prometieron una reforma tributaria que según plantearon sus rivales en las elecciones implica una rebaja de impuestos a grandes empresas, ¿cómo se complementa esto con la reducción del déficit?

Lo que se ha propuesto no es un cambio tan drástico, es simplemente que con la reforma tributaria que aprobó este gobierno los impuestos a las utilidades retenidas de las empresas aumentan hasta un 27% en forma gradual y lo que nosotros hemos postulado es que los impuestos estén en niveles más cercanos a los de los países de la OCDE, que están cerca del 25%. Junto con eso avanzar gradualmente hacia la integración del sistema tributario, eso significa que lo que se paga a nivel de empresas sea reconocido a nivel del impuesto a la renta de las personas, que en la última reforma se dejó como una integración parcial, se reconoce un 65% de eso. Es decir, una parte del impuesto pagado a nivel de empresa se reconoce al momento de que lo pagan las personas. Las dos cosas se ha postulado que sea gradual y también se busca mantener la recaudación tributaria. Nosotros tenemos la confianza de que con la batería procrecimiento, proinversión y procompetitividad vamos a lograr que la actividad económica crezca lo suficiente para que la recaudación no caiga.

Volviendo al principio, usted dijo que el modelo económico chileno de alguna manera fue ratificado por la ciudadanía. Pero también hay un consenso importante -incluso lo ha dicho Piñera- acerca de que ese modelo necesita lograr una mayor reducción de la desigualdad. Para sus rivales esto se logra con un Estado más presente, ¿para ustedes cuál es el camino?

Como antecedente quiero dejar mencionado que los logros que tuvo Chile en materia de crecimiento económico no son simplemente un número, lo que trasciende a eso es un componente de justicia social importante. Chile entre los años 90 y la actualidad no sólo triplicó su PBI per cápita, también redujo la tasa de pobreza. Si se mira en una serie empalmada hacia atrás -que lo hizo el PNUD en su informe de desigualdad publicado este año- en los años 90 teníamos una tasa de pobreza del 68% y hoy día 11,7%. Esto habla también que la desigualdad, cualquiera sea la forma en que se mida, índice de Gini, índice Palma (el decil más alto contra los cuatro más bajos) todos muestran una mejora en el nivel de igualdad.

Pero también se afirma que hubo un estancamiento

Por supuesto es una baja moderada, todavía tenemos niveles de desigualdad importantes. Pero lo que quiero decir es que no es contradictorio apuntar a un sistema social de mercado con una particular preocupación con los temas de justicia social. También en términos de movilidad intergeneracional e intrageneracional hemos visto mejoras importantes. Ahora, por supuesto la propuesta de Piñera no descansa exclusivamente en el crecimiento económico aun cuando nosotros creemos que la política social más importante es el empleo. Nosotros tenemos estudios que muestran que la reducción de pobreza en un 70% responde al crecimiento económico. Pero hay una amplia agenda de propuestas sociales siempre focalizadas en las personas más vulnerables, pero dando cuenta que la sociedad chilena ha cambiado. La sociedad chilena de los 90 tenía un cuarto de la población en lo que podemos llamar clase media y hoy 7 de cada 10 chilenos están en esa categoría, y por lo tanto las necesidades de la sociedad también han cambiado. En atención a eso hay una agenda que busca no solo darle más oportunidades a las personas más vulnerables sino también que aquellos que han logrado una condición algo mejor pero que aún tienen inseguridades porque hay riesgo de que vuelvan a retroceder en esa condición alcanzada de clase media, también una política de protección que es lo que nosotros hemos llamado "clase media protegida", que en principio son seguros ante condiciones que pueden hacerte vulnerable. Eso también es una respuesta a una sociedad que ha evolucionado en estos 30 años.

Uno de los sectores que van a disputar por mayores demandas es el movimiento estudiantil, que en la primera presidencia de Piñera fue muy fuerte y ahora está fortalecido por el crecimiento del Frente Amplio

Como decía hay una sociedad que ha ido en evolución y por lo tanto va teniendo demandas sociales mayores. Hay demandas en el plano de la educación, sobre todo en relación con la calidad de la educación, hay que dar mayores oportunidades de acceso y de empleo. Hay demandas a nivel de salud, de pensiones. Todo eso tiene que ser evaluado como una demanda por política social y hay que priorizar los recursos existentes y obviamente para dar respuesta a esas demandas hay que tratar de buscar acuerdos y consensos con los sectores que no apoyaron la candidatura de Piñera, pero que son muy importantes a la hora de llevar a cabo nuevas reformas o cambios legislativos. Va a ser absolutamente necesario consensuar posturas y que existan consensos suficientes para llevar a cabo políticas públicas. Siempre va a haber protestas, demandas por más, pero lo que le corresponde a un gobierno es evaluar cuáles son las prioridades dado que siempre los recursos van a ser escasos.

¿La relación con Argentina va a ser una de las prioridades para Piñera, sobre todo a partir de su amistad con Macri?

No me cabe ninguna duda de que va a favorecer una relación que siempre ha sido muy importante para Chile, pero además dada la afinidad de miradas que hay entre ambos presidentes creo que va a acelerar los procesos de integración, favorecer los diálogos y no me cabe duda que las iniciativas que tengan que ver con el intercambio comercial, el intercambio energético van a entrar en un proceso rápido y fructífero.

¿Esa afinidad ideológica puede dar lugar a la creación de un bloque regional, que apunte más a una integración basada en lo comercial más que en lo político, como sucedió en los últimos años? ¿Y en ese contexto el objetivo es la Alianza del Pacífico?

Así es. Efectivamente las miradas tienden a ser más consensuadas en cuanto a la necesidad del progreso económico para el desarrollo de los países. Del intercambio, del comercio y la integración de los países. Por lo tanto, yo creo que esos lazos se van a fortalecer. Con Argentina y también con los países de la Alianza del Pacífico. Evidentemente las conversaciones tienen que estar abiertas con todos los países, pero creo que el contexto actual favorece la mayor integración regional.

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