Comunicación
Política en tiempos de libre comercio emocional
Por Desiré Cano
Un mundo digital que se vuelve el campo de batalla electoral entre el "Me gusta" y el "RT". El candidato que entienda las nuevas estructuras psíquico-emotivas de esta nueva humanidad será el triunfador.

En tiempos de campaña electoral en redes, resulta importante hacer ciertas consideraciones sobre nosotros mismos y nuestras nuevas estructuras psico-emocionales que son formateadas por estas nuevas herramientas. Esta inspección de la interioridad nos permite tomar mejores decisiones.

Las redes nos brindan una magnifica sensación de libertad y sobretodo de control de nosotros mismos y nuestras vidas. Trabajan directamente sobre el ego y autoestima, incluso desde la neuroquímica liberando altas cantidades de endorfinas, satisfaciendo de esa forma parte de nuestra libido.

Es maravilloso el efecto producido por la utilización de estas plataformas, pero hay otra cara de la misma moneda.

De la I Revolución Industrial a la Revolución Digital

Desde el siglo XVIII, etapa inicial de la Revolución Industrial, la expansión de las comunicaciones se convirtió en un imperativo para un comercio cada vez más veloz: líneas férreas, canales, rutas. El futuro.

Estos avances impactaron en la sociedad que se empezó a percibir diferente. Tan distinta que dio nacimiento a un nuevo estrato social: el proletariado. Aggiornemos el concepto al siglo XX: la clase media. Creció la población mundial, que comenzó a demandar más alimento y manufacturas. Y así preciso un sistema de comunicación más eficaz y ligero, que se acomode a la velocidad de ese tiempo. Nació el motor a combustión y la energía eléctrica, y el mundo jamás volvió hacer el mismo.

El capitalismo, sistema ordenador de la producción y las comunicaciones, también se complejizó: tuvo que sobrevivir a dos Guerras Mundiales, a modelos totalitarios y xenófobos, a un mundo polarizado, a miles de malas praxis. Sufrió tantas crisis que se volvió casi perfecto, casi un fantasma.

El nuevo neoliberalismo, versión adulta de este sistema ordenador, encuentra como cabal manifestación de su efectividad el "Me gusta" o el "RT" o el corazón de Instagram. Por lo tanto, cuando pensás que sos libre y que tenés el control, solo es un espejismo conductista que te vuelve más productivo, que te coacciona con mayor efectividad y que encasilla en un "Me gusta" tu libertad.

Mediante sensaciones y emociones, materializadas en mensajes de carácter personal, el neoliberalismo digital trabaja sobre la psiquis y la moldea utilizando como herramienta palpable la "big data". Esta nueva fase del sistema ordenador prescinde del consumo material por ser finito en su alcance. Se dio cuenta de que el consumo de emociones no tiene límites y permite someter desde la positividad. Pensate posteando o poniendo un "Me gusta", un pulgar arriba o abajo.

Es aquí donde el neoliberalismo consigue deshacerse de su enemigo íntimo y más milenario, eso que le trajo tantos dolores de cabeza: la razón. Ya no es necesario usarla porque lo único que tenés que hacer es sentir, estar en contacto con tus emociones.

La política en tiempos de emociones: cuando + es -

Los políticos son productores y reproductores "per se" de este modelo que los tiene como esclavos y cómplices. En esta nueva fase del neoliberalismo, los políticos, como describe el filósofo coreano Byung-Chul Han, son proveedores de servicios.

Del otro lado, el consumidor espera ser atendido con gracia y simpatía, pero además con la rapidez que le demanda su necesidad. Para lograr el objetivo de que ese consumidor/cliente - que entra al negocio de la política por obligación electoral - compre un producto/servicio es necesaria una buena presentación, un mensaje adecuado y una forma atractiva, no solo la utilidad.

El problema es que hay varios queriendo vender su producto/servicio. Libre comercio de emociones.

Esto trae consigo una sociedad con bajos niveles de inmunidad, lista para absorber información sin límite. La masa no filtrada de información hace que se nuble su percepción. Esto lleva a perturbaciones psíquicas. El psicólogo David Lewis lo llamo Information Fatigue Syndrom (IFS).

Todos estamos afectados por este síndrome, que nos atrofia la capacidad analítica que constituye el pensamiento. Ya lo decía Antonio Gramsci: "Cuanta más información, más desinformación".

La negatividad de la omisión y el olvido es productiva para el neoliberalismo. Sin embargo, pareciera que tanta información trae consigo inevitablemente la transparencia y así la verdad. Pero la única verdad es que estamos tan alienados por el exceso de información que lograron alejarnos del pensamiento.

Todo este proceso exacerba el yo más individual, descompone y anula el "nosotros" político que sería capaz de accionar en sentido enfático. Es imposible que en Argentina se produzca un nuevo 2001, justamente por todo este proceso inconsciente que trabaja las 24 horas del día los 365 días.

Nacen las tribus, porque este sistema es más efectivo segmentando a la sociedad o, mejor dicho, a los consumidores.

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