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El Desafío Nuclear
Por Carlos José Aga
Pasamos de un proceso de creciente integración nacional en la construcción de las centrales nucleares, a convenios sin licitación para comprarlas en el exterior, particularmente a China y Rusia.

 El Gobierno que se inicia en los próximos días recibirá una pesada herencia también en materia nuclear. Y, como se aprecia en casi todos los rubros, la misma encubre graves complicaciones.

Parte de esa problemática se manifestó claramente en las confusas palabras que la Presidente saliente pronunció esta semana en Pilcaniyeu, cuando entremezcló el tema con cuestiones de diversa índole tales como la “soberanía”, comparando ciertos logros del sector nuclear con otros proyectos, en este caso militares, como el misil “Cóndor”.

Ese discurso presentó a la reapertura de la planta de enriquecimiento del uranio como una gesta épica, destinada a desafiar el orden mundial.

Y, aunque internacionalmente la bravuconada presidencial pueda producir cierto ruido, nada hay más falso que ese “relato”.

El complejo de Pilcaniyeu, comenzó a operar en 1983, luego se paralizó y en 2010, se comenzó con la rehabilitación de las instalaciones.

La planta enriquece el uranio en un porcentaje muy bajo (0,70%) y está destinado a utilizar el uranio levemente enriquecido en la central nuclear Atucha I cuando se alcance el 0,85%.

Por su bajo nivel de U235 y por su modesta producción, el producto no es apto para ninguna otra aplicación (ni para bombas atómicas ni para el reactor compacto de un submarino). 

Además, no constituyen ninguna amenaza porque todas las instalaciones cumplen con los tratados internacionales de no proliferación y se encuentran bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica que depende de Naciones Unidas.

Como todos sabemos, el concepto de “soberanía” energética prácticamente equivale al autoabastecimiento. Pero el gobierno se va, dejando un imponente déficit energético y una dependencia sin precedentes en la historia energética argentina.

Casi 15.000 millones de dólares anuales nos cuesta el desmanejo energético ocurrido para solventar importaciones de gas, petróleo, combustibles líquidos y electricidad, ahora también del uranio con el que alimentamos nuestros reactores.

Es un mérito técnico haber terminado Atucha II, pero no parece sensato hablar de eficiencia, porque esa unidad de 745 MW terminó costando al país lo que se había estimado para un programa de cuatro centrales nucleares, que hubiera aportado más de 3000 MW de potencia extra a nuestro alicaído sistema eléctrico nacional.

Pasamos de un proceso de creciente integración nacional en la construcción de las centrales nucleares, a convenios sin licitación para comprar centrales nucleares en el exterior, particularmente a China y Rusia. El Gobierno que se va deja al país comprometido por 31.000 millones de dólares en compras nucleares, a lo largo de las próximas 5 presidencias, posteriores a la del Ing. Mauricio Macri.

Y sigue hablando de soberanía.

De no corregirse, todas las inconsistencias serán la mayor amenaza para la continuidad del desarrollo nuclear argentino. Por sus características, esta herencia chocará con las prioridades energéticas del nuevo gobierno, que deberá desplegar un manejo especialmente cuidadoso y especializado hacia el sector, porque los antecedentes a la inercia de los proyectos nucleares pueden generar muchos problemas y pocas soluciones, incluso se puede llegar a ver disminuido el aporte energético (como ya ocurrió en el pasado).

Reestructurar esta compleja maraña de compromisos será sin lugar a dudas, uno de los mayores desafíos que se le plantearán al nuevo gobierno, siendo que la mayoría de las decisiones que tomó el kirchnerismo no están contempladas en la Ley 26.566, que estableció una serie de proyectos nucleares de los que nunca se ha rendido una información completa.

Pero existen otros desafíos más inmediatos, también cruciales: 1) ejecutar la extensión de vida de la Central Nuclear Embalse. 2) Poner en marcha las obras del primer prototipo del reactor CAREM. 3) Solucionar el problema de la importación del uranio. 4) Estudiar el destino de Atucha I cuya licencia, rige hasta dentro de sólo 3 años, merced a una prórroga reciente de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN). Notando que su potencia está degradada aproximadamente un 15%. 5) Realizar los estudios previos necesarios para definir la IV Central Nuclear.

Es hora de redefinir el futuro de la energía nuclear en Argentina y es preciso hacerlo en el contexto de una política energética de largo plazo y de alto consenso. Y elegir el camino mas adecuado, sin improvisar más. 

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