Geopolítica
El voto europeo que sorprendió
Por Horacio Lenz
Las elecciones al parlamento europeo celebradas entre el 23 y el 26 de mayo último con un participación de la mitad del electorado, no condujeron a una implosión de la unidad continental.

 Nada de lo anunciado sucedió en las últimas elecciones europeas. Ni los partidos eurofobos tuvieron un predicamento importante, ni los nacionalismos extremos bloquearon la política de cada uno de los miembros de la unión y además, contradiciendo las previsiones, tuvo la participación electoral más importante desde que se vota por los destinos comunes en el Viejo continente. Las elecciones al parlamento europeo celebradas entre el 23 y el 26 de mayo último con un participación del 50,63 % del electorado, no condujeron a una implosión de la unidad continental ya que los partidos soberanistas nacionales no alcanzaron un respaldo contundente y por lo tanto su representatividad carece de poder para imponer una política que dinamite y disuelva la Unión transfiriendo responsabilidades de esta a los estados miembros.

La particularidad de esta elección es que fue la primera luego del Brexit y la consecuencia es que en la misma participaron más de 30 partidos nuevos que reivindican viejas agendas soberanista como también otros, nuevas demandas sociales. La atomización representativa se dio en esta elección como nunca antes siendo el motivo por el que aún no fue elegido el Presidente de la Comisión Europea que remplace al Luxemburgués, Jean Claude Junkers.

El conjunto de los partidos de estirpe soberanista, muchos de perfil xenófobo, eurofobo, nacionalistas o de perfil regional secesionista no lograron una nivel de respaldo que caduque la permanecía de sus países en la UE. Vientos de racionalidad soplaron en el viejo continente y las aventuras fueron puestas en el lugar de la representación minoritaria más allá del efectismo mediático que algunas organizaciones o líderes tienen.

El Ministro de Interior y líder italiano de esta corriente Mateo Salvini, con el 34,33% de los votos, solo logró mantener su representación política en la misma magnitud que tenía antes de llegar al gobierno del Consejo de Ministros de la República Italiana

No le alcanzo su discurso virulento, ni su inventada polémica con el Papa Francisco sobre los inmigrantes y mucho menos pretender imponer una división entre el actual Papa con el anterior. Esta actitud política confrontativa con el Vaticano le valió un cimbronazo interno producto que sus aliados de la coalición de derecha no acompañaron y lo expusieron a una pelea en solitario. El tecnócrata Primer Ministro italiano Giuseppe Conte y el miembro del gabinete Luigi Di Maio se alejaron rápidamente de las manifestaciones fascistas trasnochadas de Salvini que retrajo inmediatamente sus posiciones para hacer los que más sabe: sobrevivir en política y esperar un tiempo más propicio para dar esas disputas o archivarlas para siempre.

La cohabitación entre la Iglesia de Pedro y el Estado italiano es más importante que los delirios de cualquier político irresponsable. El Tratado de Letrán, del 11 de febrero de 1929, firmado y negociado por el cardenal Pietro Gasparri en nombre del Papa Pio XI y el Primer Ministro fascista Benito Mussolini en nombre del rey Vittorio Emanuelle III, fue claro en la independencia política de la Santa Sede del Reino de Italia. Salvini quiso violarlo y el peso de la historia lo puso en su lugar.

En Francia la líder del ex Frente Nacional ahora denominado Reagrupamiento Nacional, Marie Le Pen, ganó como primera minoría la elección europea con el 23,6% de votos y su partido ocupará 23 escaños en el Parlamento Europeo de Estrasburgo. Pero el resultado no le alcanzó para mover el tablero político francés a pesar de proponer la disolución de la Asamblea Nacional para llamar a nuevas elecciones legislativas en Francia. El electorado castigó las políticas de Presidente Macron no solo a su derecha, sino también en el frente ambiental donde el crecimiento del Partido Verde (Les Verts) fue importante. Pero es necesario rescatar que la mayoría del arco partidario tanto por derecha, centro e izquierda tienen posiciones europeístas y son reivindicadores de esas ideas históricas que se anclan en la tradición política francesa de postguerra encarnadas en el legado de Charles De Gaulle y Françoise Mitterrand donde el concepto de unidad con Alemania en la geografía continental, fue desde aquel momento histórico, el pivot de su política internacional.

En Alemania las expresiones antieuropeas tienen su lugar en el Afd como instrumento político. Este partido de extrema derecha, con rostro oculto, fue fundado por economistas que venían de ser miembros de la CDU luego alejados del partido de la Canciller Angela Merkel cuando su gobierno viró al centro en políticas socio-ambientales y tuvo posiciones generosas con el proceso migratorio de Medio Oriente y África hacia Europa. Si bien es un partido de gran impacto mediático y supo conducir la agenda política, su representación electoral fue creciendo, pero hoy no alcanza más del 12% de los votos. Mantiene una influencia en los Estados alemanes que pertenecían a la antigua República Democrática Alemana desplazando a Die Linke (ex Partido Comunista), gobernando el Estado de Sachen y formando gobiernos en otros pertenecientes a la antigua Prusia. Su expresión política es contraria a la sesión de soberanía a Bruselas sobre todo en materia ambiental y monetaria. Sostiene una base ideológica de rechazo a la política migratoria actual, más una nueva noción del "Ser Alemán" donde generan planteos de carácter xenófobos básicamente en los perfiles culturales y religiosos manteniendo de manera táctica, la cuestión étnica fuera del debate tratando de despejar, de ese modo, toda acusación racista. Argumentan desde lo discursivo que son patriotas, no nacionalistas y que esa virtud se conjuga en el uso correcto de la Lengua, el respeto a la Constitución del 1948 y la adhesión al Código Penal Alemán. Esto último en detrimento de la Sharía, que es el cuerpo del derecho islámico, y que los miembros del Afd temen que se pueda imponer en algunos bolsones donde habitan inmigrantes que profesan la religión de Mahoma. Pero este proceso electoral, que parecía encaminado hacia un respaldo a las formaciones reaccionarias, apareció en la representación popular una sorpresa a rescatar que fue el crecimiento exponencial del Partido Verde (Grüne Partei) con un 20% de los votos, desplazando a los socialistas (SPD) del segundo lugar y tomando parte del electorado de centro derecha amigable a las políticas ambientales. Si continuamos nuestra ruta por el sur de Alemania, nos adentramos en los espacios de Europa Central y en Austria vemos un desarrollo muy importante de un partido de derecha con cercanías a una estrategia de poder como el FPÖ que logró en las últimas elecciones el 17,2% de los votos. Fue fundado en los años ´50 tomando todos los retazos de la derecha extrema austriaca. Siendo en principio un partido minoritario de ideología dogmática, para transformarse en los finales de los ´80 en un partido populista conservador. Con fuertes críticas a las políticas migratorias, los impuestos a los austriacos de a pie, cierta nostalgia por la "Gran Alemania" y una oposición contumaz contra el sistema políticos austriaco de la postguerra diseñado y ejecutado por los Socialdemócratas (SPÖ) y los Conservadores moderados (ÖVP). No objetan la participación de Austria en el modelo continental europeo, ni proponen una vuelta al soberanismo aislacionista del centro de Europa, producto que tal cuestión remueve recuerdos de dolor por haber sido el origen de las cruentas guerras europeas que asolaron el siglo XX. La memoria del pasado está siempre presente en el país alpino. Es verdad que la política es dinámica hasta los bordes tolerables, pero hace más de setenta años que es cooperativa y pacifica con sus vecinos.

En la región triangular de los reinos del Benelux, socios fundadores durante la posguerra de la insipiente unión europea con los Acuerdo del Carbón y el Acero de 1951, las manifestaciones contrarias a la Unión carecen de representación mínima, pero tanto en Bélgica, con conflictos internos entre valones y flamencos como en Holanda, han aparecido partidos de orientación de extrema derecha que en esta última elección su performance fue mala quedando cuartos y perdiendo el Foro de la Democracia(FvD) las cuatro bancas que tenían.

En la península Ibérica, tanto en Portugal y España, las expresiones antieuropeas son insignificantes. En el país Luso la ideología soberanista es inexistente y también carece de cualquier atisbo de independencia y/o autonomismo. Lisboa mantiene unida y centralizada la nación atlántica. Madrid, por lo tanto, no tiene inconvenientes de extremismos importantes que le pongan en jaque sus pertenencia Europea, solo un partido de extrema derecha como VOX, logro meterse en el debate regional, sin influir en la política continental.

Lo que si tiene España es una continua disputa por sus unidad territorial, básicamente desafiada en dos frentes de características disimiles, pero de volumen diferentes.

En Cataluña es donde se manifiesta con mayor envergadura el concepto de independencia del Estado Español, pero también la españolidad tiene un fuerte respaldo. Si se contempla los últimos porcentajes electorales la defensa de la unidad de la nación española más la defensa de la constitución de 1978 concita una mayoría electoral. El independentismo tiene una fuerte representatividad, capacidad movilizadora y mucha presencia en los espacios de la cultura, pero carece de legitimación para lograr sus objetivos.

Algo muy distinto ocurre en País Vasco (Euskadi), donde la idea de autonomía e independentismo conviven en esta región donde son mayoría en la identidad política del pueblo vasco. Los resultados electorales y regionales marcaron que si se suman los votos del PNV y Euzkal Herria alcanzan un total del 80% y donde el primer partido nacional español es el PSOE con el 12% de los votos. Lo notable del País Vasco (Euskadi) es que su geografía, su clima particular, su lengua, su organización institucional reflejan algo característico del lugar, pero donde la mayoría defiende la autonomía, no la independencia de Madrid. Constituye, de este modo, un rostro particular de la política vasca que se diferencia del resto de los regionalismos.

Es importante tener en cuenta en la política española el giro interesante que se produjo en las últimas elecciones para Presidente de Gobierno. El europeísta, socialista y moderado Pedro Sánchez, se impuso en las elecciones corriendo el eje ideológico de su partido al centro dejando a los tradicionales partidos conservadores y liberales del PP y Ciudadanos con una agenda extremista siguiendo por detrás las posiciones de los radicales de VOX. El actual y reelecto presidente de gobierno defendió la UE, alejando a España de cualquier alocada política sin Europa y corriéndola hacía la alianza que conjuga con el tándem Paris-Berlín que fortalece la unidad europea continental. La derecha española tendrá que dar un paso hacia la moderación o quedará atada a una idea de Europa extrema conducida por reaccionarios postuladores de posiciones envejecidas que solo se alimentan de utopías por el pasado.

En las Islas Británicas la idea de la separación de Europa está generando estragos institucionales, donde Londres después de una consulta popular sin sentido y con un resultado claro, anda deambulando entre la confusión política sin saber cómo se sale de una espacio común, que fue lo que eligió en su mayoría en pueblo inglés. El líder independentista Nigel Farage se alzó con la primera representatividad en las elecciones europeas con un 30,74%, pero el resultado a su favor, no le posibilita ser un clivaje sustancial en la política de la Islas a pesar que el resultado determinó la renuncia inmediata pero de efecto tardío de la Primera Ministra Theresa May. La contienda electoral en Gran Bretaña sigue siendo entre los Laboristas y Conservadores a pesar de los desastroso resultados obtenidos y donde habrá consecuencias internas en cada uno de ellos. Estos partidos nacionales, con sus matices en la visión europea, seguirán guiando la política desde Londres donde se puede sumar el tradicional Partido Liberal Demócrata. La política independentista británica se expresa en los territorios ingleses, mientras que en Escocia, Gales e Irlanda del Norte las posiciones mayoritarias son por la permanencia en Europa. Cualquier decisión, no bien calculada podría poner en discusión la unidad de Gran Bretaña. Londres seguramente está monitoreando, de modo riguroso, ese efecto colateral no deseado.

En el resto del espacio europeo las manifestaciones euroescépticas tienen también su predicamento, pero nadie alcanza a condicionar la política continental. Las expresiones más anómalas hacia Bruselas se expresan en países como Polonia y Hungría a través de sus gobernantes, pero nada incomoda al tanden Paris-Berlín que mantienen un férreo control del centro geográfico del continente con posiciones comunes respecto al Brexit. Pero se sienten incomodos ante la advertencias del presidente Trump sobre el financiamiento de la OTAN, hacen un delicado equilibrio con Moscú y escuchan con atención el proyecto estratégico de la "Ruta de la seda" impulsado por el Presidente chino Xi Jimping que uniría Beijing con Lisboa.

Los candidatos mejor posicionados a presidir la Comisión Europea son por la coalición de centro derecha el alemán Manfred Weber y por la de centro izquierda el holandés Frans Timmermans. Ambos representan los dos partidos que han controlado el Parlamento Europeo desde 1979. Dos cuestiones centrales a debatir enfrentan a estos dos líderes: el medio ambiente y la fiscalidad de las empresas.

Pero más allá de este debate que hace a la importante demanda ciudadana, el próximo Presidente de la Comisión Europea tendrá una agenda que cubrir que son de necesidades políticas, no ideológicas. La agenda futura a resolver será con los Estados que componen la unión y su soberanismo; la relaciones extraregionales con EEUU, China y la Federación Rusa; tendrá que negociar con los 27 miembros el acuerdo con el Mercosur; administrar la crisis migratoria de Medio Oriente que está determinando clivajes ideológicos para atender y observar; la cuestión de Norte de África sin orden político con espacios ganados por la anarquía y el tribalismo afectando de modo directo a los países mediterráneos. Y por si esto fuera poco está pendiente el perfil de la seguridad europea a través de la OTAN que es un debate pendiente que Donald Trump les impone discutir para redefinir las funciones en defensa y los compromisos presupuestarios de cada uno en esa materia.

Los líderes políticos de hoy tendrán que ponerse a la altura de las circunstancias para encaminar a Europa en el buen sendero. Seguramente su trabajo requiere de inteligencia y esfuerzo para llevarlo a buen destino. Tienen en la historia grandes ejemplos para mirar, sobre todo a aquellos tres grandes que construyeron este espacio de paz y prosperidad de hoy: Konrad Adenauer, Alcide De Gásperi y Jean Robert Schuman.

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