Dólar
Súper-cepo: cada día más cerca de la hiperinflación
Por Eliana Scialabba
Hace varios meses se observa que la dinámica monetaria tendrá un fuerte impacto sobre la inflación futura. Sin embargo, la incipiente crisis política y el "súper-cepo" nos llevan cada día más cerca al borde del abismo.

La dolarización de carteras no para y, en este contexto, el Banco Central agregó un nuevo recargo sobre el dólar "solidario": además del 30% del impuesto PAIS, ahora se deberá adicionar un 35% extra con Anticipo de Impuesto a las Ganancias y se deberán descontar del cupo mensual de 200 dólares los gastos realizados con tarjeta de crédito. Desde el gobierno estiman que con esta medida evitarán una hiperinflación, pero la devaluación encubierta es un tiro por la culata, ya que genera el efecto contrario, acelerando la probabilidad del tan temido escenario.

Tras la publicación de la Resolución General 4815/2020 en el Boletín Oficial, la cotización del dólar oficial se ubicó este miércoles en torno a los $132 (dependiendo de la entidad), presionando a la suba a las restantes cotizaciones de los dólares paralelos.

A diferencia de otros bienes, la demanda de dólares en Argentina se incrementa junto con el precio, ya que nuestra moneda ha perdido totalmente sus funciones. A pesar de las numerosas y fracasadas intervenciones del BCRA, el apetito del argentino por el dólar es infinito ¿A qué obedece este fenómeno? A años de un mala dinámica monetaria.

Tal como decía Milton Friedman, "La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario". Analizando los datos monetarios desde que asumió Alberto Fernández, no sólo se aceleró el crecimiento neto de la base monetaria (+34% desde diciembre, pasando de $1.734.073 millones a $2.333.988 millones), sino que casi la totalidad del crecimiento de la expansión monetaria se explica por financiamiento del déficit fiscal (Adelantos Transitorios y Transferencias de Utilidades). En tanto, desde el comienzo de la pandemia, la suba neta del pasivo monetario del BCRA fue del 20%, lo que muestra la creciente necesidad de recursos por parte del Tesoro.

Por otra parte, examinando detalladamente el pasivo del Banco Central, observamos que los pasivos remunerados, las Leliqs y los Pases Netos, se incrementaron un 124,3% desde diciembre de 2019 y un 98% desde el inicio de la pandemia, pasando de $1.160.412 millones a $2.602.486 millones acumulados al 15 de septiembre. En otras palabras, la deuda del Banco Central generando intereses con los bancos es superior a la base monetaria. Esto nos lleva a pensar en un escenario complejo para los próximos meses.

La dinámica expansiva de los pasivos remunerados aumenta la probabilidad de ocurrencia de un episodio hiperinflacionario. Si toda esta oferta potencial de pesos tuviera demanda, es decir gente dispuesta a quedarse con los pesos en el bolsillo, no sería problema. Sin embargo la demanda de dinero se encuentra en mínimos (M2 privado/PBI es del 9%, cuando hay llegado a estar 5 puntos por encima y el promedio de los últimos 15 años es de 12%).

Si aún no hemos observado el escenario de fuerte aceleración inflacionaria es por el rezago de la política monetaria respecto a la inflación y el contexto de estancamiento (y por lo tanto de escasa demanda de dinero).

Este fue el contexto en el que llegó el "súper-cepo". Si bien la estabilidad cambiaria funcionaba como un "ancla nominal" (junto a otros precios controlados), el 35% adicional es como una devaluación encubierta, lo que pone una presión adicional sobre los precios.

Entonces, sumando crecimiento de base monetaria para financiar déficit fiscal esterilizado con enormes volúmenes de pasivos remunerados, y ahora el salto cambiario, todo parece ser un caldo de cultivo para una hiperinflación.

Nos falta un tercer elemento, que podría ser el desencadenante final: por lo general, la suma de lo resumido en el párrafo anterior, suele generar conflictos políticos, los cuales pueden derivar en crisis, que aceleren la llegada al escenario en el que la licuación sea total. Hemos observado durante las últimas semanas varios problemas institucionales en los tres poderes del Estado, y las tensiones del oficialismo hacia el interior como para con la oposición, son moneda corriente.

El mensaje es claro, no hay plan económico. No hay rumbo, y cada medida adicional es un manotazo de ahogado que empeora nuestras perspectivas.

Están dadas todas las condiciones para que el transcurso de los próximos meses se presente una hiperinflación. Esperamos que así no sea, pero los elementos que dan lugar a ella ya han sido convalidados por parte del gobierno: hasta ayer el dólar "atado" era una válvula de escape, la cual también ha sido sacrificada. 

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