Editorial
Planeta changa, planeta salario
Por Esteban Eseverri
A los habitantes del Planeta Changa el kirchnerismo los ha condenado a vivir en la precariedad, “desafiliados” de la sociedad que integran.

En un ensayo-poema Jim Morrison hablaba de “dos planetas gemelos en el cráneo”, y al igual que en la metáfora del poeta, en la mente gubernamental de estos 8 años que se extinguen con las elecciones, en Argentina existen dos planetas gemelos y apartados: el Planeta Changa, el Planeta Salario.

En cada uno de ellos vive prácticamente la mitad de los jóvenes de 15 a 24 años, aún cuando por supuesto, las estadísticas oficiales ignoren, oculten, o desconozcan esta realidad.

A los habitantes del Planeta Changa los ha condenado a vivir en la precariedad, “desafiliados” de la sociedad que integran, como sostienen Pérez Sosto y Romero en su trabajo “Futuros Inciertos”.

A los que viven en el Planeta Salario, les ha infundido miedo a perder el empleo, la Obra Social, los créditos. Y las chances de ahorrar y de esforzarse más, se las extinguió con un injusto impuesto al Salario que se empeña en mantener.

Para la Administración saliente, esa división artificial lució como un éxito. Supuso que ofrecía rédito político subir el piso de inframundo de 2001 y con eso bastaba. El acierto de llenar los hogares con bienes implicaba hasta en el discurso presidencial una necesidad de gratitud que debía pagarse en votos.

Pero la separación en compartimientos estancos de ciudadanos de la misma comunidad tarde o temprano queda obsoleta por las mismas necesidades crecientes del progreso: el que logró tener condiciones mínimas de existencia, atacado por la inflación y para mantenerlas, tiene que salir a hacer changas.

Observa a poco que salió que hay menos changas, que todo lo que es del afuera de su casa, transporte, seguridad, y su capítulo siguiente, justicia; energía, lugares donde educarse para progresar, y empresas que se ocupen de tomar los esforzados, eso que promete el relato saliente, es un desaguisado ilógico creciente.

Y además, está parado en el medio, en la frontera de los planetas un Estado que actúa como león sordo, come sin importar que diga la presa: si estás haciendo changas, no te formalices pues si te detecto perdés lo que tenías en tu casa. Y si te formalizaste, conviene que te quedes en los sueldos inferiores porque si subís, me quedó con tu esfuerzo.

Un tercer planeta, que asoma ominoso por el fin del Universo K, aún éste, capitulado ante la versión Scioli del peronismo, es el que completa la fase de declive: si los jóvenes no entran al mercado laboral, si la educación no los prepara, y si las empresas no los toman y pueden conservarlos, tarde o temprano habrá cada vez menos aportantes, y el sufrimiento lo tendrán los viejos de mañana, los jubilados y pensionados del Régimen de Reparto que el mismo gobierno se encargó de recobrar de manos privados, y de desfinanciar con la lúgubre marcha de dos planetas inexplicablemente separados.

¿Desafíos para el próximo Presidente, o para la clase política en su totalidad? Sin ninguna duda, y como la historia nos cuenta, cuando el reclamo surja, no se va a detener en burocracias. En la instancia electoral, quien pueda asegurar a ambos mundos que los va a reunificar virtuosamente, se quedará con el triunfo. 

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