Energía
Una mala estrategia para exportar GNL
Por Federico Bernal
Si nos ponemos a trabajar en convertir a la Argentina en un actor de relevancia internacional en GNL, tenemos que hacerlo garantizando más que estabilidad fiscal a las empresas y excedentes ficticios.

Mauricio Macri sigue prometiendo imposibles e irresponsabilidades. En su enésimo paso por Vaca Muerta, durante el Pre Coloquio de IDEA, anticipó que están elaborando un proyecto de ley para generar estabilidad fiscal a las exportaciones de GNL a 30 años y de forma no interrumpible. Como será el grado de improvisación, que desde la propia Secretaría de Energía bajaron el tono a la novel promesa. (1) Consideraciones y advertencias especialmente destinadas a las propias empresas productoras sobre, más que los dichos del presidente, el programa neoliberal para Vaca Muerta.

 

Fuente: Financial Times, 12 de diciembre de 2018. En pocos años, Australia se convirtió en uno de los primeros exportadores de GNL a nivel mundial. No obstante, la falta de planificación y los cantos de sirena exportadores derivaron en muy graves inconvenientes para el normal abastecimiento interno, con precios locales que dispararon en pocos años. Se lee al respecto en la nota: "El país enfrenta ahora una inminente escasez de gas doméstico en sus Estados más poblados, con precios por las nubes y preocupaciones sobre la seguridad de un suministro que pueda crecer. El problema impulsó al gobierno el año pasado [2017] a legislar un control y restricciones de las exportaciones a los dueños de las plantas de GNL en la costa este cuando escasea la oferta doméstica de gas". Y agrega: "Egipto y Omán pasaron a ser importadores de GNL para satisfacer la escasez de gas doméstico causada por un aumento en sus exportaciones de GNL". El programa neoliberal para Vaca Muerta avanza por este camino.

    Ningún país desarrollado e industrializado del mundo basó su política de crecimiento económico en exportaciones de materia prima. Mucho menos si se trata de un recurso energético vital y determinante para la competitividad del sector industrial y productivo de cualquier nación, como es el gas natural. Y muchísimo menos si las exportaciones del recurso en cuestión se sustentan en un mercado interno pauperizado o desmantelado. En este sentido, Macri se olvida que su gestión destrozó la industria y la producción argentinas. Según cifras del INDEC al mes de abril, la utilización de la capacidad instalada se ubica en 61,6%, con extremos sumamente alarmantes como el automotriz con un 37,6% y textil con 49,5%. Los pronósticos para este año no son alentadores". 

Fuente: INDEC, Utilización de la capacidad instalada en la industria (UCI), 11 de junio de 2019.

    La cara energética de la hiper desindustrialización y de un sistema energético mercantilizado, a la sazón motores del excedente exportable de gas natural (ídem para el petróleo y los combustibles): en el acumulado al mes de marzo, el consumo gasífero a nivel nacional se retrajo 6,3%. El desplome es traccionado por las centrales térmicas ya que la generación está al nivel de 2014 (es decir, necesitamos la misma cantidad de energía eléctrica que cinco años atrás). Otro ejemplo emblemático pero habitual: el consumo de gas de la industria textil retrocedió a valores de 1995/96. Es la peor caída desde 2001, año que registró un desplome del 6,9%. En la misma dirección, se desconectaron de la red 846 usuarios industriales en el total de las 24 jurisdicciones en 2018. Es la mayor pérdida desde 1999. Asimismo, el trienio 2016-2018 dejó como saldo la pérdida de 1.127 usuarios industriales, el peor registro desde 1998-2000. 

    Fuente: Elaboración OETEC en base a ENARGAS, Datos Operativos. 

Por otra parte, el gas demandado por los hogares argentinos en 2018 (entregado por las licenciatarias de distribución) cayó respecto de 2017 (0,4%). Los volúmenes entregados en el tercer año de gestión macrista para esta categoría de usuarios son similares a los de 2011. En relación a la expansión domiciliaria del servicio público, tenemos que la incorporación de usuarios residenciales entre 2016 y 2018 cayó 32% respecto del mismo período anterior (2013 a 2015).

En función de lo descripto, nos preguntamos: ¿Qué va a pasar con los excedentes exportables cuando se reactive la producción, la industria y el consumo, objetivos aparentemente también anhelados por Macri? ¿Qué va a pasar cuando la utilización de la capacidad instalada ascienda más allá del 80% o del 90%? ¿Qué va a pasar con las inversiones y los proyectos ya comprometidos en Vaca Muerta sustentados en precios de exportación por encima de los locales cuando no sobre tanto o no sobre nada para exportar? ¿Vamos a gastar recursos fiscales para promocionar exportaciones a 30 años en este contexto dilapidando los pocos dólares que tenemos cuando deberíamos por lo menos reservarlos para poder hacer frente a las importaciones de bienes de capital ligadas a una eventual pero obligada recuperación económica en un futuro cercano?

Ningún programa de exportación a largo plazo puede omitir o ignorar el abastecimiento del mercado interno. Pero no cualquier abastecimiento, sino uno en permanente expansión, siempre asequible y promotor del desarrollo y la calidad de vida de la población.

Si nos ponemos a trabajar en convertir a la Argentina en un actor de relevancia internacional en GNL, tenemos que hacerlo garantizando más que estabilidad fiscal a las empresas y excedentes ficticios, estabilidad de una demanda interna siempre ascendente, en el marco de una industria pujante y avanzando hacia su permanente modernización. El mercado mundial del GNL es complejísimo y la Argentina llega tarde. Debe garantizárseles a las productoras, sobre todo al comienzo, cubrir la volatilidad y los retrocesos que pudieran suscitarse. Y esto no debe hacerse vía subsidios, sino y como dijimos, a través del reaseguro de una demanda interna en expansión. De lo contrario, pasará lo mismo que con Néstor Kirchner, porque la interrupción de las exportaciones a partir de 2007 fue, a diferencia de lo que plantea el relato macrista, culpa de la depredación exportadora heredada, así como de una producción alienada a ventas externas a precio vil y descuidando la reposición de reservas.

Dicho sea de paso, algo parecido ocurre en Australia, potencia global en GNL, precisamente por haber planificado la construcción de sendas terminales de licuefacción divorciado de las propias necesidades. En el artículo del FT citado en la primera imagen, se lee que "la seguridad del suministro y precios estables es algo que no han experimentado los consumidores de gas y electricidad [australianos] desde 2015, cuando tres grandes plantas de GNL en Queensland operadas por la Royal Dutch Shell, Santos y Origin Energy comenzaron a exportar gas a clientes asiáticos".

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felicito al autor de esta nota. espectacular