Economía
4ª Revolución Industrial: Argentina fuera de carrera
Por Hugo Vasques
Por la crisis, el país se queda al margen de la nueva inserción mundial y tecnológica que va más allá de la robotización y los cambios productivos de la inteligencia artificial.

El mundo desarrollado, Estados Unidos y Europa, también China, algunos Brics y países asiáticos transitan en este tiempo la  Cuarta Revolución Industrial. Se trata de un proceso de fuerte integración de tecnologías a la producción y comercio de todo tipo de bienes y servicios, superando cualitativamente a la propia robotización y automatización en los procesos, incluso subsumiéndolos en algo todavía mucho más grande. Procesos productivos que incorporan toma de decisiones a partir de información a escala mundial, unidades de negocio que interactúan con su entorno y, por supuesto, la Inteligencia artificial son conceptos que marcarán sin dudas el ritmo de desarrollo de las próximas décadas en el ámbito de la producción, el comercio y el empleo.

El mundo se encuentra en una carrera sin precedentes por el dominio de tecnologías cuya interacción con el sector productivo hará la diferencia en materia de competitividad internacional. Son abrumadoras las noticias sobre la contienda comercial entre Estados Unidos y China con imposición unilateral de aranceles al comercio de un lado y otro, aunque esa solo sea la fotografía de lo que ocurre. En realidad, lo que subyace a todo este ruido es una carrera por el predominio tecnológico aplicado a la producción, que impactará en las posibilidades de desarrollo en las próximas décadas.

No hablamos de una "nueva máquina" en particular, no hay un invento disruptivo en los últimos años para caracterizar este proceso, o sí, aunque ocurrió hace décadas con internet, y desde entonces vienen acumulándose elementos que explican hoy la génesis de esta nueva fase de revolución industrial.

Desde la invención de la internet vienen acumulándose elementos que explican hoy la génesis de esta nueva fase de revolución industrial.

Inteligencia artificial en el campo de la producción implica la integración de sistemas informáticos (software) con bases de datos múltiples de gran escala, capaces de llevar adelante y gestionar procesos automatizados de transformación industrial y comercio.

Desde hace años la tecnología disponible permite a millones de individuos, empresas, instituciones de todo tipo y gobiernos integrarse a sistemas de información, plataformas y servicios que constituyen hoy un elemento poderoso para explicar el nuevo tiempo. Bases de datos a escala mundial, "big data", contienen y clasifican las preferencias, gustos, elecciones, conductas y acciones de los millones de individuos, empresas privadas y agencias gubernamentales alrededor del mundo.

Pues bien, existe la capacidad, ahora sistémica, de utilizar, interpretar y manipular datos a partir de su integración a los procesos de producción y comercio. En el presente, los países y sus empresas tienen la oportunidad de generar nuevas y mayores ventajas competitivas a partir de un insumo estratégico, como lo es la información en interacción con el capital fijo y el trabajo.

Mientras los países desarrollados transitan esta realidad de transformación productiva a escala mundial, Argentina afronta este proceso con empresas nacionales que luchan por la subsistencia, financian capital de trabajo y pagan sueldos a su personal financiándose a tasas insostenibles, otras ajustan su plantilla a la baja, reducen producción, pierden rentabilidad o achican inventarios, solo por la subsistencia.

Mientras los países desarrollados transitan esta realidad de transformación productiva a escala mundial, Argentina afronta este proceso con empresas nacionales que luchan por la subsistencia.

Al tiempo en que muchas empresas en el mundo desarrollado incorporan en forma incipiente tecnología o inteligencia artificial a sus procesos, en nuestro país los responsables de compañías piensan en cómo llegar a fin de año con la empresa abierta.

La inestabilidad económica, clave para comprender cómo la industria nacional queda al margen de la 4ª Revolución Industrial

La fuerte inestabilidad cambiaria, la alta inflación, la recesión prolongada y las decisiones erráticas en materia de política económica en estos últimos años afectan gravemente la capacidad de las empresas argentinas para proyectar e invertir en tecnología, refiriéndonos no solo a infraestructura física, sino a aquellas tecnologías que van a complementar en el futuro inmediato a las instalaciones de empresas de todos los tamaños grandes, medianas e incluso pequeñas en otros países.

La 4ª Revolución Industrial abre un escenario distinto al hasta ahora conocido para los países no desarrollados. Yendo a la historia, países como Argentina, de industrialización tardía durante el siglo pasado se caracterizan por haber llegado rezagados al proceso industrial respecto a otras naciones. En aquellos fue determinante la innovación y la acumulación de capital fijo mediante altas tasas de ahorro interno, la iniciativa privada e instituciones públicas comprometidas en el proceso industrializador.

La brecha tecnológica ha sido un factor fundamental para explicar el atraso en las productividades de los países y diferencias en el desarrollo y calidad de vida de las sociedades durante años.

Así, nuestro país se sumó al desarrollo industrial con grandes restricciones iniciales. A pesar de ello, logró un destacado proceso sustitutivo de importaciones industriales orientado al mercado interno, el progreso en sectores de industria pesada a partir de inversión pública, el arraigo de ramas metalmecánicas livianas de eslabonamientos productivos y el desarrollo puntual en algunos sectores de vanguardia como lo son la tecnología nuclear e industria aeroespacial.

En el presente la realidad podría ser algo distinta: la brecha tecnológica es difusa y existen ventanas de oportunidad para Argentina, las relaciones de fuerza en materia productiva están sufriendo grandes transformaciones y el mundo discute no solo la capacidad de acumulación de capital fijo, sino la capacidad de generación y transferencia de tecnologías aplicadas a los procesos.

Todo esto es boicoteado permanentemente en la Argentina sumergida en una crisis económica profunda, resultando muy difícil pensar en planes de mediano y largo plazo para la innovación y desarrollo de herramientas tecnológicas aplicadas a los procesos.

El desafío es crear condiciones de estabilidad económica, promocionar el desarrollo tecnológico, formar capital humano, financiar investigación aplicada a los procesos productivos para generar empleos de calidad y acortar la distancia entre naciones desarrolladas y la nuestra, en fin no perder una nueva oportunidad para los argentinos. 

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