Editorial
Preservar a Alfonsín
Por César Martucci
El modelo de la concentración de la riqueza y pobreza fue acompañado en silencio por la UCR. La pandemia agudiza esta situación y, salvo raras excepciones, continúa haciendo seguidismo casi genuflexo del Pro.

Sabemos que somos el partido con mayor historia política de la Argentina y uno de los más antiguos de Latinoamérica, surgimos como expresión de lo nacional, federal y democrático. Identificados entre nosotros como correligionarios, por concebir una profesión de fe doctrinaria, estamos comprometidos con la causa de los desposeídos y encontramos nuestra mejor síntesis en el art 14bis de la Constitución Nacional, emblema reconocido de nuestra identidad.

Podemos definirnos entonces como partido popular, democrático, republicano y no sólo por nuestras instituciones internas sino por el conjunto de ideas que conforman nuestras bases y principios fundacionales. Somos un partido humanista ubicado en el espacio político que hoy llamamos progresismo, centro izquierda, izquierda democrática, social demócrata. No importa la denominación, ahí debemos estar expresando nuestra ideología, nuestra perspectiva de futuro frente al escenario internacional, regional y nacional.

No es antojadizo entonces, sólo responde a nuestra verdad histórica y razón de ser que nos manifestemos como hicimos siempre del lado de los más débiles en la disputa de intereses de la sociedad contemporánea. No siempre resultó bien, pero lo intentamos, ese fue nuestro rol. Distinto es renunciar y resignar a priori ese rol como lo hicimos durante el gobierno de Cambiemos.

Para no hacer un recorrido muy largo, pero sí contundente, podemos afirmar que abandonamos alegremente el apego a las instituciones, la visión del rol estatal en las legítimas disputas intersectoriales y el anhelo de contribuir a una sociedad no tan desigual.

Resulta así incomprensible haber aceptado la incorporación de dos miembros de la Corte Suprema por decreto, la indiferencia ante la desregulación del mercado de capitales, el endeudamiento externo a tasas que comprometieron el futuro de las generaciones venideras y la apertura irrestricta a las importaciones. Decisiones nefastas de profundización del subdesarrollo de producción primaria histórica a la que estamos sometidos, más y más especulación financiera e imposible desarrollo industrial.

El modelo de las dos concentraciones: pobreza que crece exponencialmente por un lado y riqueza acumulada por unos pocos por el otro, se agudizó en los años pasados y esto fue acompañado en silencio. La pandemia agudiza esta situación y la UCR, salvo raras excepciones, continúa haciendo seguidismo casi genuflexo del Pro. No acompañaron la intervención del Estado para salvar Vicentín, hoy desguazándose día a día.

En la pelea contra la pandemia se niegan a reconocer que las economías del mundo se desmoronan, independientemente de la forma de enfrentar el Covid-19, las crisis sanitarias profundizan las crisis económicas, la diferencia a rescatar son las vidas que se salvan y en eso nadie puede negar que la política de Estado argentino fue acertada.

Merece un profundo rechazo que en esta instancia particular se produzca la falta de una respuesta rápida a la aceptación de participar en una mesa de diálogo, elemento básico de la acción política en democracia.

También coinciden con el Pro y su visión clasista en oponerse al aporte por única vez de los más ricos. Esta contribución en el marco de la emergencia no afectaría sustancialmente ninguno de esos patrimonios y sería un nuevo aporte para los más necesitados. ¿Si no hacen un esfuerzo los que más tienen, quiénes entonces?

Llegamos al extremo de que producto de la asociación del partido a lo más conservador de la política argentina, deba soportar expresiones tales como el regreso del falcón verde, que nadie comparte, pero tampoco sancionan en público. Sumado a un discurso de mano dura representado en el caso del policía Chocobar. 

La preguntas del mundo

A lo expuesto con anterioridad se le suma la perdida de brújula en materia de política internacional. 

¿Da lo mismo el PT de Lula que Bolsonaro?. 

¿Preferimos que gobierne Lacalle Pou o el Frente Amplio?.

¿Elegimos como socio transandino a la Concertación frente al magnate Enrique Piñeira?.

¿Celebramos que el MAS de Evo Morales haga una elección histórica o nos sentimos más cómodos con el Ex Presidente Mesa?.

¿Nos sentimos más satisfechos con una administración Republicana y un desequilibrado como Donald Trump o con los Demócratas de Joe Biden?.

Frente a esta acumulación de posiciones en contrario al conjunto de ideas y valores, que como bien define Ricardo Alfonsín son los elementos que nos hacen pertenecer o no a un partido político, es imposible que no surjan dudas.

¿Podrá la actual conformación de la UCR sostener sus orígenes?

¿Tendrá capacidad de contener desde Juntos por el Cambio esa expresión no peronista popular y democrática que es el pensamiento radical?

¿Habrá que constituir una nueva fuerza política para no hipotecar para siempre ideas que hacen a lo mejor de la tradición política popular argentina?

Hay que analizar, evaluar, pelear desde nuestro ADN para encontrar las repuestas.

¡Radicales en eso tenemos que estar!

*El autor fue Senador Provincial, Diputado Nacional y ocupó múltiples cargos partidarios y de gobierno.

Publicar un comentario
Para enviar su comentario debe confirmar que ha leido y aceptado el reglamento de terminos y condiciones de LPO
Comentarios
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellas pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento de terminos y condiciones será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.
1
Si, Ricardito alfonsin? Ajajaja