Elecciones 2019
¿Se habrá agotado el tiempo de las falsas promesas?
Por Pablo Salinas
Lo interesante para observar dentro de nuestro proceso electoral es hasta cuando el electorado seguirá siendo receptivo a promesas que se saben imposibles.

Nos encontramos atravesando un año electoral como hace tiempo no se veía en Argentina, en donde a la incertidumbre de quien será el/la próximo/a presidente/a, se suma que hay un esquema de desdoblamientos electorales muy elevado en relación a otros procesos de elección a presidente desde el retorno de la democracia.

Exceptuando del análisis a 1983 (dado el fin de la interrupción democrática, todas las provincias eligieron gobernador en misma fecha que presidente); el año 1989 (donde no había posibilidad de coincidencia de los mandatos dado que aún los presidentes en Argentina duraban seis años en el poder y los gobernadores cuatro) y el año 2003 (adelantamiento electoral en donde solamente San Luis y La Rioja votaron gobernador en la misma fecha que presidente); si se confirman los desdoblamientos de Chaco y La Rioja, 2019 será el año donde 17 provincias desacoplan sus elecciones de la presidencial; como se dijo, la mayor cantidad de desdoblamientos desde el retorno de la democracia.

Mencionado esto lo que puede concluirse es que, más allá de las estrategias electorales o impedimentos constitucionales (en algunas provincias, como por ejemplo Tierra del Fuego, está prohibido que las elecciones provinciales sean en la misma fecha que las nacionales), las elecciones se tornan cada vez más complejas y competitivas. Hace ya tiempo los partidos políticos per sé no se presentan solos a los comicios, sino que constituyen frentes y confederaciones con otras agrupaciones.

Dentro de esta complejidad, un punto en el que me interesa detenerme es sobre las promesas electorales. Hay un proverbio chino que en el contexto mundial y en Argentina en particular cobra relevancia. Dice que "Hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida". Y los últimos gobiernos han incumplido varias de estas promesas: Macri ha sido incapaz de reducir la inflación y poner en marcha la economía, en conjunto con haber tenido que hacerse cargo del fracaso en la reducción de la pobreza; también el estancamiento del Plan Belgrano, que pareciera nunca haber comenzado. Por su parte, Cristina Fernández de Kirchner nunca pudo llevar adelante la promesa realizada en la campaña de 2007 de generar mayor institucionalidad.

No es distinto a lo que han tenido y tienen que enfrentar otros líderes de Estado: Obama fracasó con una nueva política de control de tenencia de armas de fuego, o con el incumplimiento de cierre de la base de Guantánamo. Macrón no ha podido hasta el momento dar muestras de sus promesas de "regeneración y cambio radical de la política"; o Rajoy con reducciones impositivas, entre otras.

Lo interesante para observar dentro de nuestro proceso electoral es hasta cuando el electorado seguirá siendo receptivo a promesas que se saben imposibles. Hasta comenzado el siglo XXI, era aceptado en Ciencia Política el postulado que teorizó Giovanni Sartori acerca de que quienes realizaban promesas irresponsables en las campañas eran las fuerzas de oposición que dentro de un esquema de competencia sabían que era imposible que se alzaran con el triunfo.

En 1986 un diputado radical esbozó la misma idea, que se convirtió en lo que se conoce como "teorema de Baglini", que es algo así como: "Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven". Hoy estos grandes postulados se han roto: no importa cuan cerca o lejos del poder estén los candidatos, la tentación de prometer imposibles está a la orden del día.

Por supuesto, esto tiene muchos factores coyunturales que colaboran: una fuerte crisis de representación, cambios sociales acelerados como la dispositivización de la vida o mutaciones en el mundo del trabajo, aumentos de trastornos de ansiedad y búsqueda de soluciones fáciles a problemas complejos, entre muchos otros.

Veremos con el transcurso de las campañas si 2019 dejará fórmulas efectistas o si ha llegado la hora de recobrar la senda de la madurez política, la construcción y propuestas de programas de gobierno que devuelvan nuevamente a la Argentina a la senda del crecimiento y la inclusión social.

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