Editorial
Aproximaciones al 2019
Por Ricardo Rouvier
Macri mantiene un piso del 30% a nivel nacional que le permite proyectarse en un ballotage, sobre la negatividad del otro.

El PRO, en el tránsito desde su nacimiento como partido municipal hasta la constitución de Cambiemos, experimentó un creciente apoyo electoral. El incremento de consenso tuvo una fuerte presencia de la clase media, con avances penetrantes hacia abajo de la pirámide social. Los resultados electorales del conurbano bonaerense en octubre pasado, fueron un testimonio innegable de esta ofensiva.

Este sector habitualmente pendulante de nuestro electorado, dominado por las aspiraciones, fue el que definió las elecciones en el ballotage del 2015 y el éxito del 2017. En ella fue creciendo la presencia del Partido local, que se elevó a nacional con la sociedad de la UCR y la CC y otros partidos menores, y que se forjó como oposición cultural al kirchnerismo, inclusive cooptando a algunos ex dirigentes peronistas. Esa oposición se volvió sólida a medida que el kirchnerismo sufría por desgastes en sus costados: la gobernabilidad y una fuga de su base consensual desde finales del 2011. El 54% se fue desinflando por la dinámica del "embudo", en que a medida que se avanza se va angostando. El desafío de "vamos por todo" fue paradójicamente una manera de retroceder.

No obstante Macri en su escalafón, nunca fue un candidato que concitó un apoyo masivo, pero mantiene un piso del 30% a nivel nacional que le permite proyectarse en los ballotage, sobre la negatividad del otro. Con excepción de la derrota que sufrió en CABA con Aníbal Ibarra en el 2003 al comienzo de su carrera electoral, hasta la fecha el PRO generó amplias victorias en el distrito porteño que tiene mayor participación de la clase media en el padrón electoral, con un ingreso per cápita por encima del resto del país.

Posteriormente, en la elección porteña del 2011 hubo una señal que no se tuvo en cuenta; en la comuna 2 (Recoleta), Macri logró su mejor resultado con el 75,5%, lo que era lógico de acuerdo su mayor posicionamiento del conservadorismo en dicho sector social. Esa proporción descendió en la comuna 8 (Villa Lugano, Villa Soldati y Villa Riachuelo) al 55,9; pero contra el 44,1% de su oponente. Es decir, avanzó en segmentos impensados para un candidato de esa tendencia.

En el 2015 el único que puso en peligro el triunfo del PRO a cargo de Larreta, fue Lousteau con votos progresistas que en la segunda vuelta concentró el voto antimacri y se puso a tiro de la Jefatura de Gobierno; en esa elección el PRO defeccionó en 200.000 sufragios comparado con el ballotage anterior. La performance del ex Ministro de Economía de CFK, demostró que en la CABA hay un reservorio progresista importante que, al conjugarse con el kirchnerismo fragmenta el caudal.

A nivel nacional, en el 2015 Macri obtuvo en la primera vuelta de la presidencial el 34,15% que se elevó a poco más del 50% en el ballotage. Y en las legislativas de octubre del 2017, el promedio nacional de Cambiemos alcanzó el 41%. En la próxima disputa electoral, en el 2019, se podrá observar si este ascenso continúa o, por el contrario, empieza a registrar el castigo por la situación social. La mayor fortaleza de la oposición al macrismo fue el desempeño del candidato Scioli en el ballotage y, en forma localizada en el territorio bonaerense, la elección de CFK como Senadora.

Una competencia electoral en general, y más una presidencial, es una elección entre opciones. Para el votante promedio en el cuarto oscuro no se encuentra al candidato ideal, pero sí están las diversas propuestas y entre ellas la más consolidada frente a un elector estimulado por varios factores (virtudes percibidas del elegido y/o defectos percibidos de los no elegidos). La idealización electoral es una construcción subjetiva sobre la cual ningún candidato alcanza la perfección, salvo en los casos de liderazgos con fuerte composición emocional, en que el líder o la líder no tiene ningún falla. El kirchnerismo tiene en CFK una líder carismática que cumple con ese requisito. Lo que no tiene hoy, es una evolución favorable del consenso y cae sobre sus espaldas las últimas derrotas, responsabilidad que sus seguidores no le atribuyen.

En parte, el caudal de Cambiemos tuvo el aporte del abandono electoral al kirchnerismo. La dinámica pendular que un sector del electorado plantea a las fuerzas políticas, a veces frustra el esfuerzo de retención que realizan, porque las campañas se concentran en el voto seguro y lo confirman, pero no logran fidelizar el voto débil. Desde el 2011 al 2017 el peronismo perdió 30 puntos de porcentaje en el conurbano.

Es síntesis, Macri no despierta entusiasmos masivos y mantiene, desde que comenzó, una proporción de imagen negativa que lo acompaña siempre: por empresario, por rico, por razones ideológicas, por el apellido que pesa en la historia del capitalismo de amigos. Fuera de la porción que no lo quiere, el actual Presidente ha logrado la consolidación de Cambiemos, mientras el peronismo o los peronismos difícilmente vayan a unirse.

En este sentido, hoy el oficialismo está preparado para la competencia porque está ordenado a pesar de sus internas, porque las mismas no desbordan los límites del Presidente. Los efectos de las quejas de la UCR buscando mayor intervención, no rompe los diques y tampoco Carrió que inaugura una colateral de interpelación que enoja a muchos dirigentes, pero opera como un reaseguro para los que apoyan a Cambiemos pero no ven en Macri ni en su gabinete una plena inocencia.

El liderazgo de Macri es de otro tipo y sobresale con un estilo gerencial. Sabemos que la gran empresa es la institución por excelencia de la hegemonía capitalista. No es la Iglesia, no es la escuela, no es el micro emprendimiento, es la gran empresa en que se construye el modelo social imperante, basado en la producción de bienes y servicios. Es en sí una escuela de innovación, creatividad, y eficiencia. Es obvio que la hegemonía mundial no reniega de la educación, pero busca su optimización destinada a la formación del homo economicus.

Aunque cada vez más el Presidente, desde lo que representa, aparece más ligado a la economía virtual que a una empresa fierrera. Porque no tiene el perfil de un pionero de la industria, sino más bien de un operador de negocios financieros, a la compra y venta de empresas y títulos.

Prueba de esto es que la industria ha perdido significación en el discurso oficial: los protagonistas son las tasas, los bonos.

En lo político, el propósito del PRO es sustituir la cultura populista de nuestro país con otra en donde brille la meritocracia. Este objetivo, así planteado, tiene sus consensos en la sociedad argentina y de allí los resultados electorales que acompañan, también favorecido por un peronismo que ha perdido el rumbo.

A pesar de algunos buenos resultados, el oficialismo no evita la caída de las expectativas económicas, tanto en el nivel familiar como en el general, entre sus votantes y entre los no votantes. Los números de la economía, íconos de la racionalidad, no cierran para que sus votantes puedan exhibir entusiasmo. Hay que traducir bien las encuestas, algunos brotes, mueven apenas la aguja de la popularidad, pero esto no es, todavía, lo que esperaban sus votantes en el 2016. La ilusión era parecida a un boom para muchos de sus electores.

La principal oposición que tiene el oficialismo es el liderazgo carismático de CFK, que es parcial y discrepante con respecto al otro peronismo, además es prisionero de sus propios límites esperando un colapso salvador. Cuando el senador Pichetto plantea la cuestión de la identidad superponiéndola a la de la unidad es porque entiende que el kirchnerismo es una lateral del peronismo, pero no su avenida principal. No está cuestionada Cristina F. de Kirchner por su intempestivo estilo solamente, están cuestionadas muchas de las políticas que se llevaron a cabo después que Néstor Kirchner falleciera.

La situación electoral empeoró después de la elección del 2015. Scioli obtuvo de arranque el 37,08% subiendo en la segunda vuelta a 48,66%. Perdió por poco, pero la derrota fue el disparador para la fragmentación que hoy se exhibe; se perdió el gobierno y luego, en cascada, quedaron comprometidos gobernaciones e intendencias.

En el 2017 el peronismo ya dividido obtuvo con el kirchnerismo y con su mejor candidata, su principal resultado de 37,5% en la Provincia de Bs.As., un promedio nacional de 21,8% y ganó en tres provincias: Tierra del Fuego, Río Negro y San Luis. Por otra parte, el peronismo no k. lograba un modesto 14,9%, mientras el Frente Renovador cosechó 5,8%. La sumatoria da alrededor del 42% en todo el país, pero no se puede sumar aritméticamente lo que es diferente. La mejor candidata del kirchnerismo, CFK, sólo compitió en el territorio bonaerense; si su candidatura hubiera sido nacional el porcentaje se hubiera elevado por encima de lo obtenido.

Es conocida la limitación electoral de la ex presidenta, ya que posee un techo fijado por su voto negativo, y esto no la hace buena candidata para un ballotage. Pero hay que ver quién es el candidato a Presidente en el 2019, porque no se puede contabilizar la transferencia total de los votos de Cristina a otro aspirante. Por el momento, el kirchnerismo no tiene un candidato para la elección general de la envergadura de Cristina Fernández.

El peronismo no k. no tiene aún un candidato con posicionamiento nacional; sus esfuerzos a futuro estará, en primer lugar, en recuperar un voto peronista tradicional y la esperanza de capturar una parte del voto k., aunque el voto kirchnerista es muy fiel. La novedad estará en un peronismo que le hablará a la clase media como nunca antes.

Ante este escenario podemos hacer las siguientes inferencias: si todo el panperonismo se uniera podría partir de un piso del 30% con un techo de 40/42%; hoy el oficialismo tiene también un piso del 30% y una proyección aritmética que puede llegar a 40%; bordeando una de las condiciones para ganar en primera vuelta. Pero la posibilidad de varios candidatos peronistas, les bajaría el promedio y le aseguraría al oficialismo seguir siendo primera minoría.

Algunos en el panperonismo, se ilusionan con una competencia de todos en unas PASO, pero nos parece casi imposible que eso ocurra, debido a las diferencias existentes entre los fragmentos. Qué CFK no sea candidata y esto se ofrezca como una prenda de unidad, no parece resolver las diferencias.

La solidez de la reelección de Macri se sostiene además con la fuerte presencia de Vidal en la Provincia de Bs.As. y la ventaja que lleva Larreta en CABA. Ambos distritos suman el 47% del padrón nacional. Con las primeras proyecciones se observa además, que es probable que algunas provincias gobernadas por peronistas cambien de mano y se imponga Cambiemos. Por este motivo en que en algunas provincias gobernadas por el peronismo se intenta lograr el desdoblamiento, aunque esto suena como una derrota anticipada en el elección presidencial. Y este problema se traslada a los intendentes opositores de la provincia de Bs.As., que enfrentarán a una boleta que une a Macri con una Vidal que tiene mayor intención de voto de todo Cambiemos.

Si todo se mantuviera parecido o igual a la situación actual, Cambiemos ratificaría su continuidad, seguido por el peronismo en alguna de sus variantes. Hoy tenemos por lo menos dos versiones, una que denominamos Federal y que agrupa a gobernadores y senadores y algunos dirigentes sindicales, y otra kirchnerista con el apoyo de algunos intendentes del conurbano y la CTA.

Del punto de vista de los consensos, está claro que la mayoría del electorado no votaría a Cambiemos, pero esa mayoría está partida en pedazos. Todavía falta mucho para definir candidaturas, pero es cierto que al panperonismo no le queda mucho tiempo por delante, considerando las dificultades por las que atraviesa y las tareas a realizar.

Cambiemos ya está en carrera y han comenzado a planificar sus campañas para seguir ampliando su dominio territorial. Actualmente administra 5 provincias y aspira a incorporar otras; Córdoba, Santa Fe, Chaco, Entre Ríos, Neuquén , Salta , y Santa Cruz

Falta mucho tiempo todavía para saber el resultado de las pruebas electorales y es indudable que la cuestión económica será un eje principal de las campañas. La mayoría de la población está preocupada por la situación, mientras un pedazo de ella, lo está menos y mantiene algún privilegio. Cambiemos tratará de renovar la esperanza, pero lo que todo el mundo sabe es que no habrá el derrame que había supuesto cuando votó en el 2015 y en el 2017 dando por finalizado el período kirchnerista. Además si apareciera un cisne negro en el escenario, habría que reformular las presunciones. El peronismo pivoteará sobre la escasez económica y las promesas incumplidas. Tiene que suscitar la necesidad de un cambio de gobierno en la sociedad; mientras el oficialismo tenderá a ratificar el camino emprendido como un contrapunto del pasado, ahora más lejos, kichnerista.

Estas aproximaciones son a la fecha y estas hipótesis pueden variar si se produjeran acontecimientos imprevistos en la relación de la economía y la sociedad, o cualquier otro hecho que modifique la percepción y valoración de los votantes respecto al oficialismo y la oposición. No adherimos a la receta que anticipa que si el Gobierno fuera a sufrir una fuerte crisis socioeconómica, la capitalización se produciría por izquierda. Los estudios nos indican que la mayoría de la sociedad insistirá con la avenida del medio.

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Hay una serie de compromisos con la sociedad inconclusos, solo se ajustaron y nivelaron tarifas publicas en lo macro, que tampoco es real si consideramos la inflación. En definitiva , la ultima carta que queda es poner nuevamente el pasado frente a la urna y tratar de repetir resultados. La pregunta es para que ? Para seguir hacienda lo mismo no reformar la justicia y hacer lo que se esperaba, que los delincuentes terminen presos, no disminuir la presión impositiva, no reformular el sistema sindical, no establecer una moneda firme y seguir jugando con bonos y tasas hundiendo pymes que no puede escapar. Hay mucho por hacer y mucho que debiera haberse hecho en la primera etapa y si los primeros quince minutos de la película son malos, el resto seguramente también. Hoy tenemos una falta de liderazgo político y fuerza para hacer lo que se deba tanto de un lado como del otro, no hablo de pasar por encima de las leyes sino de hacerlas cumplir como sea, porque hacer cumplir la ley como sea no es ilegal, lo es no cumplirla.
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Y cual sería el sector positivo en el que la gente podría depositar la nanoconfianza que aún le resta?