Editorial
Piedras en el camino
Por Ricardo Rouvier
El Gobierno pudo sortear los casos Maldonado, Nahuel y la desaparición del submarino, pero no pudo con la cuestión jubilatoria que golpeó duro en la imagen de Macri.

A pesar de haber logrado un triunfo en el Congreso con la aprobación de la ley previsional, el gobierno sufrió una derrota política. Pudo sortear la tragedia de Maldonado, la del joven mapuche Rafael Nahuel y hasta la desaparición del submarino ARA San Juan ocurridos poco antes o después de las elecciones en las que obtuvo un resonante triunfo. Pero no pudo con la cuestión previsional que golpeó de pleno en la imagen de Macri. Y esta derrota a la que nos referimos fue anticipada semanas atrás por la batalla comunicacional, donde el oficialismo omitía algunas cuestiones básicas de la comunicación política, como contar con un mensaje verosímil sobre los beneficios para los sectores afectados. Pero la realidad es que esa falencia no fue técnica sino política, porque no se podía explicar la intención financiera y que el éxito político del reciente pacto fiscal se escurría cuanto develaba que el origen de los recursos eran los ingresos de los jubilados y pensionados. Esto provocó que el acuerdo con las provincias se desflecara entre la primera sesión de Diputados del jueves y la segunda del lunes. El jueves no estaban los votos prometidos.

La medida aprobada, que recomienda el FMI y otros organismos, implica para el 2018 un ahorro de $70.000 millones que se agrega a los $ 40.000 por la baja de subsidios de los servicios públicos que se trasladó como tarifa al usuario. Esto apuntala la vocación fiscalista del Gobierno, pero conlleva el peligro de romper los diques que contienen la paz social. La arquitectura financiera propuesta frente a los agujeros del presupuesto, es evitar la emisión y por ende la inflación. Se incrementa el endeudamiento externo y se extraen haberes de aquellos que no tienen ni legisladores, ni dirigentes, ni sindicalistas propios. Esta vulnerabilidad social y política se convirtió ante la opinión pública en la fortaleza de la protesta. Según una encuesta propia, el 76% de una muestra nacional rechazaba el proyecto.

La oposición en sus diferentes versiones se encrespó rápidamente, acelerado por la premura de la Casa Rosada en obtener la ley. El proceso permitió la unificación de sectores del peronismo y la izquierda que organizaron la operación del levantamiento de la sesión. La herida que se abrió entre el gobierno y la sociedad dejó expuesta, más allá de la fórmula de cálculo, la situación general de postergación histórica de la gran mayoría de los jubilados y pensionados. Hay seis millones de jubilados y pensionados que cobra $7.246,00 , por debajo del salario mínimo que es $8.860,00. Es necesario agregar que durante el año pasado los jubilados y pensionados perdieron diez puntos en relación al promedio de los precios al consumidor. Los grandes medios de comunicación de mayor penetración tampoco apoyaban el proyecto y advertían sobre los costos políticos. El Gobierno se quedó solo y sin poder imponer su relato.

Resulta paradójico que en el reino del duranbarbismo, se violentara el sentido común de manera tan obvia y se estimulara el armado de los adversarios. El Gobierno trató de achicar la derrota al ser sorprendido por la catarata opositora, pero era tarde. Creyó que cerrando los ojos evitaba el choque. Fue evidente el jueves, que para lograr un máximo de eficacia en el espacio legislativo y evitar que el Congreso fuera invadido, y tal vez incendiado, eligió la intimidación. Eso explica la presencia con gesto prusiano de la gendarmería que estimuló la provocación. El conflicto se abrió como dos heridas en el cuerpo democrático: el recinto y la calle. El Gobierno, que nunca le gustó la calle, no pudo controlarla, y quedó en manos más experimentadas en manifestar o en luchar. En marchar por la queja, cacerolear o en aplicar una violencia que no tiene resolución política y que ubica las mejores intenciones en el peor camino.

Es evidente que los recursos no alcanzan y que hay agujeros en la economía real y financiera. La debilidad estructural de la Argentina es preocupante para cualquiera que quiera gobernarla. Pero, el Gobierno huye para adelante, con su fama de "gobierno para ricos" a cuestas. Quiere fortalecer el capitalismo, pero tiene el problema; no pudo lograr un éxito significativo en esa dirección. Tenemos déficit fiscal y comercial, y las inversiones no llegan. O sea, el reciente éxito electoral de octubre fue opacado por la actualidad, aunque el oficialismo se sigue contando con el hándicap de tener enfrente un peronismo quebrado. Ahora , se agrieta más el hogar cegetista.

El gobierno tiene la ley, pero esto le cuesta un cierto desencanto entre sus votantes. Los estudios de opinión indicarán la medida de los daños, pero sin duda ha regalado una bandera a la oposición que será flameada de acá hasta el ´19.

El proyecto enganchado en el pacto fiscal, no impidió que la fidelidad de los diputados con los gobernadores flaqueara en la primera sesión. Los ejecutivos provinciales están dominados por sus déficits y la necesidad de no perder el poder. Suena hipócrita que algunos legisladores opositores en sus exposiciones descubran ahora las "dependencias" internas en nuestro país, que por sus insuficiencias no es federal. Además del objetivo del Gobierno de aligerar las cuentas provinciales y levantar los juicios pendientes, buena parte del volumen del dinero tendrá como destino compensar a la Prov. de Buenos Aires, que tiene un núcleo crítico en el conurbano pletórico de urgencias sociales y votos.

En la oposición, con la dirección del kirchnerismo, se logró frustrar la aprobación él jueves y obtener una unidad de hecho que modificó la relación de fuerzas entre oficialismo y oposición. En el peor momento los dos escenarios estuvieron a punto de encontrarse; la calle con la acción y represión y el recinto con la desobediencia de la mayoría. Si los manifestantes hubieran ingresado al Congreso, hoy estaríamos lamentando muchas más cosas que quedaron en amenaza.

Esta alianza de sectores del peronismo y otros generó una expectativa favorable de continuidad. Veremos si fructifica en los días venideros, o es una unión transitoria, considerando por otro lado que la grieta del kirchnerismo con los gobernadores se ha ensanchado.

Finalmente Carrió pasó a ser el gobierno dentro del gobierno y tiró la toalla. Sin quererlo, la diputada de la CC desnudó la limitación de poder del oficialismo, pero encontró una salida del laberinto al levantar una sesión inviable.

En las marchas, tanto la del jueves como la del lunes, hubo una numerosa concurrencia con presencia sindical y de movimientos sociales que manifestaban pacíficamente su oposición. También estaban los partidos de izquierda que tienen participación parlamentaria y, algunos otros que también rechazan la democracia burguesa. Ese rechazo se evidenció luego a pleno músculo y puntería. ¿Qué hubo infiltrados?; es posible, no sería la primera vez que servicios, policías y agrupaciones políticas extremas coincidan en sus intereses. Pero, es falso atribuirle todo lo ocurrido, en ambos días, a las fuerzas de seguridad o de inteligencia. En la primera sesión, la desmesurada presencia de gendarmería provocaba el inicio de las acciones. Entonces, sobrevino que se abrió el fuego de piedras contra balas de goma y gases, a diestra y siniestra, afectando a participantes y transeúntes. Una situación parecida al infierno que duró varias horas y que siguió después de que los diputados se habían retirado del recinto.

El numeroso acto en la calle acompañando, con conocimiento o no de la operación dentro del edificio, a los legisladores contrarios a la ley ; fue un marco apropiado para meter más presión abortista. Hubo mucha violencia en las cercanías del Congreso. La estrategia de las fuerzas de seguridad fue la de no permitir el ingreso, como ya había ocurrido en el anexo días antes. La Gendarmería apoyada por la Prefectura hizo su despliegue represivo, registrándose el saldo de muchos heridos de bala de goma y gases. A algunos las imágenes le hicieron rememorar lo ocurrido en el 2001, aunque hay diferencias: aquella fue trágica y significó la abdicación del Gobierno.

Es importante señalar que mientras la pantalla mostraba una muchedumbre pacífica en contra de la ley; suponemos que eso era bien recibido por una mayoría de espectadores de TV que rechazaban el proyecto. A partir de que se perdió la paz el sentido de la comunicación varía y la imagen de la violencia suplanta a la de un colectivo social que se expresa. En ese punto el gobierno, este o cualquiera, empieza a recuperar puntos porque es el garante del orden.

Para el desarrollo del lunes, la CGT lanzó un paro con escasa vocación acelerando la decisión de la UOM de separarse de la entidad manejada por el triunvirato. A partir de ahora hay un fragmento más en el sindicalismo y un fragmento más en el panperonismo. En la marcha no se vio a los sindicatos masivamente haciéndose cargo de la refriega.

En el día después el sistema político vuelve a su lugar, se ordenan de nuevo los actores y el Congreso vuelve a sesionar, perturbado, pero intacto. El Gobierno tratará de aminorar las pérdidas y fortalecer las alianzas con los gobernadores. Otros sectores del peronismo tratarán de avanzar en una unificación antimacri que no es nada fácil; mientras la izquierda convierte lo ocurrido en una gesta prometedora de un escalamiento por venir. Y las opiniones políticas mostraron una victimización de parte de los oficialistas, y un repliegue de la oposición que empezó a repudiar las piedras en él camino. En esto el peronismo y la izquierda, como era de esperar, tomaron senderos diferentes.

Como consecuencia de las conductas de todos los actores, lo que quedó en el centro de la cuestión fue la democracia. Tanto en lo que hace a su promesa de progreso; como en lo que hace a la representación. Las instituciones están para que funcionen y si no sirven se reemplazan a través de la ley.

La violencia militante nos hace reflexionar sobre las estrategias políticas. Están los que dicen que él Congreso tiene una validez limitada porque lo principal es la rebelión y organización popular. Para ellos las instituciones republicanas son reductos de clase que deben ser usados y tirados.

Del otro lado están los que la glorifican lo formal y congelan la vida pública omitiendo la historia.

No se puede negar que la violencia revolucionaria o reaccionaria ha jugado un papel, en el devenir de la humanidad, más allá del rechazo en abstracto que provoca el término; pero eso no significa que toda violencia está justificada, sobre todo en los hombros de una vanguardia sin pueblo, o de un miembro del Estado que dispara sin razón.

Que el oficialismo no quiera gente ocupando la calle no significa que eso no exista o que no se pueda. El problema no son los que marchan, son los que quieren desmontar la democracia; y se le suman los cazadores de personas tirando sin hesitar en sus motos dejando al desnudo aquello de Hobbes: "el hombre es el lobo del hombre". 

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Veremos en 2019. La única que salva para Presi es Vidal. Rogelio Frigerio a la Provincia. Mauri de vacaciones.