Geopolítica
Sudamérica hoy
Por Horacio Lenz
Un conjunto de desequilibrios se desarrollan en nuestro continente, producto de la incapacidad de los jefes de Estado que hicieron de la política internacional un juego ideológico sin sentido.

Sudamérica se encuentra convulsionada e inestable. Un conjunto de desequilibrios se desarrollan en nuestro continente, producto de la incapacidad de los jefes de Estado que hicieron de la política internacional un juego ideológico sin sentido, frustrante en los resultados y carente de profesionalismo; donde la diplomacia presidencial estuvo por encima de la política internacional.

La cuestión venezolana fue el detonante de la desvertebración política continental. Las situaciones críticas no son novedosas, pero en los últimos 30 años de democracia nuestro continente tuvo líderes que supieron afrontar las circunstancias difíciles, encapsularlas y enhebrar una política cooperativa evitando cualquier escalada que contagie al resto.

En el caso de Venezuela se potenciaron conflictos innecesarios y la unidad regional fue dinamitada para ser reemplazada por "la nada": declaraciones políticas que determinaron acciones descoordinadas, uso del país petrolero como variante ejemplificadora de las políticas internas, ausencias de ideas estratégicas y además, una visión equivocada de la diplomacia de los EEUU que solo intentó sancionar, sin buscar instrumentos alternativos que evitaran el aislamientos de Caracas.

Washington, a esta altura de la historia, debería saber que en la América conviven muchas particularidades. Que no hay ni hubo regla general hemisférica y que evitaría males mayores si su política fuera apoyada por el consenso cooperativo de los países de la región.

¿Qué pasa en Venezuela? Se puede enumerar un sin fin de situaciones conflictivas: penurias sociales, crisis migratorias, aislamiento internacional y bloqueo comercial, además de ser un espacio con influencias de potencias extra- regionales que alertan la sensibilidad de los EEUU. El proceso político del Presidente Nicolás Maduro ha caído al último peldaño antes del precipicio. Por esta razón, no se debería aplicar una política de aislamiento internacional que a lo último que lleva - lo sabemos por otras experiencias - en la caída de los gobiernos en manos potencias que desean influir en nuestro Continente.

El presidente Trump seguramente confió en los líderes de Sudamérica para que apoyen su política en Venezuela. Pero resultó muy claro que ninguno de ellos tuvo una visión estratégica, con política de alto nivel y diplomacia sofisticada, que permita ir resolviendo la cuestión hacia un carril de diálogo y concordancia. El presidente americano careció de aliados adecuados para llevar adelante semejante empresa.

Se trató de reestablecer el Grupo de Lima para orientar el diálogo interno, pero inmediatamente este grupo hizo todo lo necesario para perder la confianza de una de las partes y de esa manera quedarse sin autoridad para ejercer influencia.

Hasta se inventó un Presidente a Cargo, título seudo diplomático, que "cayó" en el señor Juan Guiado, pero que no prosperó más allá de las simples declaraciones de intención. Muy alejadas de una verdadera política internacional de influencia y que además profundizó la confrontación dentro del espacio opositor al gobierno de Caracas.

De esta manera Sudamérica se vió tan dividida en las intenciones comunes, como en los años de las últimas dictaduras en nuestra región. Donde cada dictadorzuelo jugaba su propio partido sin sentido de pertenencia regional y aún más, en contra de algún país hermano.

Parecen lejanos los días donde Raúl Alfonsín, José Sarney, Rafael Caldera, Carlos Menem, Fernando Henrrique Cardoso, Eduardo Frei y Julio María Sanguinetti entre otros, construían puentes regionales entre países hermanos de la misma pertenencia geográfica. A fines de los 80, principios de los 90, de las crisis regionales se salía desde la cooperación, la mesa de diálogo y el consenso como articulador de un objetivo político claro, que era la estabilidad democrática y la paz regional. Es oportuno citar de este modo al Grupo de Contadora- integrado por México, Colombia, Panamá y Venezuela- auspiciado por el Primer Ministro Sueco Olaf Palme, que en 1983 articuló mecanismos diplomáticos para encarrilar por la vía negociadora el fin las guerras civiles de El Salvador, Nicaragua y Guatemala.

Ya entrados los años 90, se fueron acercando posiciones en la solución de los conflictos limítrofes entre los países de Sudamérica. La cuestión más importante que nos convocaba era la resolución de los 23 litigios fronterizos entre Argentina y Chile que se definieron todos por las distintas vías que la senda diplomática ofrece.

Ya ingresados al siglo XXI los presidentes Luis Ignacio "Lula" Da Silva, Néstor Kirchner, José Mujica, Evo Morales invitaban a Sebastián Piñera y Álvaro Uribe a construir la UNASUR concibiendo una idea continental común más allá del menú ideológico de cada uno. Esto permitió llevar adelante el comienzo de los procesos de paz en Colombia que culminó en La Habana en una mesa tripartita con el auspicio del gobierno Noruego.

El organismo rector de la política hemisférica, la OEA, no ha tenido una acción de consenso, más bien fue parte divergente en varios conflictos. El rol de la delegación de nuestro país, en dicho organismo, fue confrontativo y sin ningún aporte al dialogo para la estabilidad.

No solo es Venezuela.

Otros países de la región han entrado en un desfiladero de conflictos que estallaron en los últimos días llenando de interrogantes la Región Andina de nuestro continente.

Conflictos étnicos en Ecuador donde importantes sectores del diverso mapa indigenista se opuso a un conjunto de medidas, de corte fiscal, del presidente Lenin Moreno. Las calles de Quito se vieron envueltas en todo tipo de enfrentamientos y desmanes que hizo que el presidente del Ecuador diera marcha atrás a sus medidas.

En Bolivia el sistema electoral mostró algunas deficiencias que hizo que estallaran en el país del Altiplano disputas en el espacio público que no se veían desde la época que en La Paz la inestabilidad política era lo corriente. Hoy se registra un hecho novedoso de violación institucional ejercido por las fuerzas de Seguridad y Defensa del Estado junto a movimientos civiles marginales al sistema de representación política, donde impusieron el Golpe de Estado para forzar la renuncia del presidente constitucional Evo Morales. Lo novedoso de la metodología es que no promovió la toma del poder, si no "El Vacío de Estado" similar a la situación en Libia.

Hoy la situación política crítica y de confrontación tornó necesario abrir un espacio de dialogo para sacar la violencia de la política boliviana. Presiones para resolver la cuestión parten no solo de adentro sino también de afuera. Un escenario de violencia puede derramar consecuencias impredecibles a los países vecinos que nadie quiere, ni está en condiciones, de afrontar.

El Chile de hoy discurre en una crisis política donde se conjugan seguramente una serie de factores, pero lo que están en superficie es la discusión del modelo de distribución del ingreso, más su modelo de representación política sostenido en una elite pluri partidaria que hoy no contiene a sectores importantes de la sociedad de bajos y medios recursos. El acuerdo de partidos, a través del parlamento, se propone como instrumento de salida para darle cause de solución al conflicto. La modificación de la Constitución de 1980 es uno de los puntos de litigio más claro, que se pueda traducir, de las demandas callejeras en distintas ciudades del país trasandino.

Brasil, con un presidente excéntrico, llevando adelante una agenda que lo enemista, por lo menos con una parte de Europa, en temas sensibles. La cuestión más sobresaliente es la oposición de Brasilia al Acuerdo de París sobre el cambio Climático. Coincidencia declarativa que lo une con los EEUU, pero sin consolidar una alianza con predicamento estratégico. El gobierno Jair Bolsonaro se sustenta en un acuerdo inestable, con intereses contrapuestos principalmente entre el núcleo íntimo del presidente, las iglesias evangélicas y la Fuerzas Armadas.

Ante este escenario de disgregación y teniendo en cuenta la conflictividad en el Mundo, principalmente en Medio Oriente, África y la Europa estancada en reestructuraciones internas, se hace necesario una Sudamérica que lleve adelante una política regional y fuerce al máximo, todos los elementos a su alcance, para conjugar lineamientos de estabilidad, orden interno, cooperativismo multilateral y una visión estratégica común, que la inserte en el mundo global como zona de paz. Estos son requisitos básicos para construir una plataforma común que redunde en crecimiento económico con justicia social.

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